Observaciones etnográficas en torno a la marcha

No hay aglomeración en la Ciudad de México que no convoque la presencia del comercio informal: eficaz, oportuna y siempre adaptable a las cambiantes exigencias del mercado.

El pueblo organizado | Víctor Solís
Nexos
Ciudad de México /

Por: Marco Estrada Saavedra

Ilustración: Víctor Solís, cortesía de Nexos

En la mañana, había vendedores de tamales, atole, café y pan dulce. Hacia las primeras horas del almuerzo, se ofertaban tortas, tacos, doraditas, enchiladas y tlayudas. Cuando el sol alcanzaba su cenit y fustigaba el ánimo y las fuerzas de la concurrencia itinerante, aparecieron refrescos, aguas de fruta, nieves con chamoy y micheladas. Pero destacaron, sobre todo, los vendedores de artículos de ocasión: “Lleve la sombrilla, mírele, para que no se asolee. Sombrilla, sombrilla, sombrilla… Y también le tengo sus lentes de sol, lléveselos por sólo 50 varitos”; “Hay pilas para cargar el celular, hay pilas, no se quede sin su pila para sacarle su foto al peje”. Diluyendo los roles sociales de comprador y vendedor, manifestante y proveedor de servicios, algunos marchistas aprovecharon la ocasión de estar en la capital del país para mercadear sus propios productos: “Traigo dulces típicos del estado de Veracruz, ricos, de Veracruz, originales, de los buenos”. Asimismo había llaveros de “amlitos”, pegatinas con el nombre de Morena, gorras con el logo “AMLOVE” y la cara del “amlito”. Y lo mismo paliacates blancos con el “amlito” y la leyenda “4Informe”. Inclusive figuras de AMLO de Lego: trajeado, con banda presidencial, saludando y con una placa de Morena en la mano.

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