57

Monterrey /

Cuando pasa mi cumpleaños –4 de febrero– casi siempre escribo algo al respecto. A veces tengo algo que decir, a veces no.

Pero de algo me he dado cuenta: que ya no percibo el tiempo de la manera en que lo veía antes.

Ahora todo se ha vuelto más rápido, desenfrenado y atrabancado.

He perdido la poca paciencia que me quedaba. He perdido sensibilidad y empatía. He dejado atrás algunos ideales y convicciones que hoy me parecen innecesarias y hasta tontas –propias de otra edad–. Me he vuelto irremediablemente práctico.

Irrenunciablemente objetivo y, con ello, sarcástico, oscuro y hasta cínico. Me envuelven la ansiedad y el horror de la muerte. Siento que ya no me queda mucho tiempo y no hablo de la estadística ni de mi estado de salud, simplemente contemplo las vidas de mis padres, de mis tíos –todos muertos ya– y me reflejo claramente en ellos. Sé muy bien a dónde voy y cómo voy a terminar. Siento que ya no puedo perder el tiempo y que debo concretar cosas, proyectos, ideas e iniciativas que traigo desde hace años. Y por esa razón me he vuelto más sensible a la frustración, intolerante, histérico y, a ratos, furibundo.

Tengo esta sensación de estarme precipitando hacia un abismo, en una caída vertiginosa, hacia un mundo sin retorno, un mundo horrible. Y esta catábasis se me presenta en sueños, pero también como señales ominosas que veo día tras día.

¿Quién nos dice cómo comportarnos ante una situación así? No hay modelos ni manuales que nos capaciten para lidiar con algo tan natural y contundente como la vejez, la degradación física y mental. Cada quien se las arregla como puede. Tampoco hay garantías ni certezas.

Comenté el punto con alguien y me dijo que lo que yo tenía era una “crisis”. No, pendejo, nuestra vida entera está llena de crisis y situaciones difíciles. La diferencia está en que estas situaciones se ponen, conforme uno envejece, más complicadas y más difíciles –no de resolver, eso es imposible–, pero es más duro lidiar con ellas. Y, como dije, nadie está capacitado para asumir tales circunstancias de manera favorable. Porque las cosas, en ese punto, casi siempre terminan mal. Entonces, aquí el punto es saber envejecer y saber morir. Y ni uno ni otro es cosa resuelta. Pero hay que asumirlo, de una manera u otra.

Alguien dirá que 57 años no es tanto, que no es mucho. Contesto que no son los años, sino la manera en que se han vivido.

Tal vez esté experimentando una inquietante pulsión entre evaluar lo que he hecho, lo que he querido hacer, lo que siento que se suponía que debiera haber hecho y el misterio de lo que haré. La verdad que no tengo idea. Pero hay que seguir pensando. Y haciendo.

Porque yo evalúo mi vida por lo que he hecho, por lo que hago. Pienso que lo que hago me hace. Es debatible, claro, pero por lo pronto, ese es mi punto de vista, así me educaron, eso fue lo que aprendí de mi padre y así vivo.

Lo que no quiero son problemas. Quiero vivir en paz. Disfrutar lo que tengo y seguir con mi agenda. No tendré la energía de mis años mozos, pero tengo la experiencia y la sabiduría propias del proceso de envejecimiento. Eso vale. Bueno, siempre he estado de acuerdo con el venerable dicho que estipula que, cuando uno envejece, o se hace más sabio o más pendejo.

Espero estar dentro del primer grupo de personas, aunque no descarto tener algo del segundo grupo. ¿Qué ocurrirá en este 2026 que me cambie de tal manera que mi reflexión en mi cumpleaños 58 sea distinta? No lo sé. Quizá me muero y no llego ahí.

En tanto, es claro que no acepto mi vejez, mi degradación, mi ciclo natural. Reconozco el proceso y eso me fastidia. No soy ni filósofo ni místico para aceptar tácitamente tal proceso. Soy muy egocéntrico, necio y obstinado como para asimilar mi condición de mortal.

Quiero seguir viviendo, para siempre, haciendo lo que yo quiero, lo que me gusta. No creo en finales felices. Los finales siempre son horrendos. No hay manera de disfrazar el espanto de morir y desaparecer. A la mierda la muerte.

Y ya me deseé feliz cumpleaños.

  • Adrián Herrera
Más opiniones
MÁS DEL AUTOR

LAS MÁS VISTAS

¿Ya tienes cuenta? Inicia sesión aquí.

Crea tu cuenta ¡GRATIS! para seguir leyendo

No te cuesta nada, únete al periodismo con carácter.

Hola, todavía no has validado tu correo electrónico

Para continuar leyendo da click en continuar.

Suscríbete al
periodismo con carácter y continua leyendo sin límite