Sin ataduras

Don Manuel Buendía: crimen de Estado

Agustín Gutiérrez Canet

Cuando oscurecía la tarde del 30 de mayo de 1984 me encontraba en la antigua sede de la Secretaría de Relaciones Exteriores, en Tlatelolco, y me avisaron que mi amigo Manuel Buendía había sido asesinado.

De inmediato me lancé a su despacho en Insurgentes Sur, localizado en un edificio que podría ser el marcado actualmente con el número 58, entre las calles de Hamburgo y Londres, en la Zona Rosa.

Al llegar al lugar del crimen, los camilleros de una ambulancia acababan de levantar el cuerpo tendido en la banqueta, cubierto por una sábana.

Subí a su oficina, identificada en el directorio del edificio como “Mexican Intelligence Agency”, producto de la ironía del periodista pues la llamada MIA solamente contaba con un asistente y era donde el periodista redactaba para Excélsior la columna política más leída, Red Privada.

Ahí me encontré a su ayudante Luis Soto y a Joaquín López Dóriga. Luis me contó que don Manuel fue atacado por la espalda por un gatillero que huyó hacia la esquina con Londres, donde lo esperaba un motociclista.

Llevaba puesta su habitual gabardina y la pistola que portaba de nada le sirvió.

Una semana antes, este autor y su esposa, Martha Bárcena, comieron con don Manuel en la Calesa de Londres, cerca de su oficina. Siempre escogía una mesa en la esquina para ver quién entraba y siempre se sentaba con la espalda a la pared.

En la oficina de don Manuel estaban unas personas que hurgaban en los cajones del escritorio. Pregunté a Luis Soto, hoy destacado columnista, quiénes eran: “Son agentes de la Federal de Seguridad”, entre los que estaba nada menos que el director, José Antonio Zorrilla, que supuestamente había sido amigo del columnista.

Zorrilla, quien reportaba a su jefe directo, Manuel Bartlett, entonces secretario de Gobernación, hoy director general de la Comisión Federal de Electricidad, buscaba en el escritorio de Buendía documentos sobre el narcotráfico que pudieran comprometer al secretario de la Defensa Nacional, Juan Arévalo Gardoqui, mientras el cadáver del periodista yacía en la banqueta, allá abajo. 

El reciente estreno en Netflix del documental Red Privada: ¿Quién mató a Manuel Buendía?, dirigido por Manuel Alcalá, merece un especial reconocimiento no solo por el riguroso trabajo de investigación, sino también por recobrar la memoria sobre el crimen de Estado olvidado e impune, pues aunque Zorrilla fue sentenciado, autores intelectuales de mayor jerarquía no fueron castigados. Fue un crimen de Estado, según escribió Raymundo Rivapalacio, muy cercano a don Manuel.

Como director general de comunicación social de la SRE de Jorge Castañeda (padre), tuve el privilegio de contar con la amistad de don Manuel y difundir la política exterior nacionalista de aquel entonces.

En casa de Margo Su e Iván Restrepo se llevó a cabo una comida entre Castañeda y el Ateneo de Angangueo, distinguido grupo de líderes de opinión encabezado por Buendía.

En el documental de Netflix aparece la fotografía del almuerzo en la que figuran de izquierda a derecha, Miguel Ángel Granados Chapa, Sara Moirón, el autor, Manuel Buendía, Margo Su, Carlos Monsiváis, Iván Restrepo, y sentados, don Jorge y Elena Poniatowska.


De izquierda a derecha, Miguel Ángel Granados Chapas, Sara Moiron, Agustín Gutiérrez Canet, Manuel Buendía, Margo Su, Carlos Monsiváis e Iván Restrepo. Sentados Jorge Castañeda (padre) y Elena Poniatowska.

Fue un encuentro de alto nivel intelectual que tuve el privilegio de atestiguar entre don Manuel y destacados periodistas con Castañeda, en una época de oro de la diplomacia y el periodismo crítico.


Agustín Gutiérrez Canet

gutierrez.canet@milenio.com

@AGutierrezCanet


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