Solidaridad con los jesuitas

Sin ataduras

Agustín Gutiérrez Canet

Agustín Gutiérrez Canet
Ciudad de México /

Dos sacerdotes jesuitas fueron acribillados cuando trataban de defender a una persona, dentro del templo de Cerocahui, en la Sierra Tarahumara, perseguida por delincuentes armados, pero los tres fueron asesinados y desaparecidos sus cuerpos.

Los padres Javier Campos Morales y Joaquín César Mora Salazar podrían ser considerados mártires. En el supremo ejercicio de la caridad cristiana, imbuidos de la fe en Cristo, perdieron su vida al defender la vida del prójimo.

Los ciudadanos somos víctimas de la inseguridad porque el Estado no cumple con su principal responsabilidad de proteger a los ciudadanos y se muestra complaciente con los criminales.

“Cuando el Estado no tiene control territorial y permite que grupos armados privados los controle, a eso le llamamos Estado fallido, y tiene muchos años que en las colonias, los barrios, los pueblos están siendo controlados por algún cártel grande o pequeño, y el Estado está ausente, en muchas partes de México hace mucho tiempo que se fue, por lo tanto la población y la ciudadanía en México estamos solos, abandonados, sometidos a la ley del más fuerte, estamos sometidos a la ley del secuestro, de la extorsión, del asesinato, y lo estamos porque al gobierno federal y locales no les interesa protegernos”, declaró Juan Luis Hernández Avendaño, rector de la Ibero Torreón.

El slogan “abrazos no balazos” alienta a las organizaciones criminales a agredir impunemente a militares y policías sabiendo que por muy armados que estén, tienen órdenes superiores de no responder, y ahora el crimen ya ni siquiera respeta lugares sagrados.

El asilo eclesiástico fue establecido en la Edad Media por la Iglesia católica para proteger en los templos a las personas en peligro de muerte por abusos de autoridades civiles, militares o religiosas.

El también llamado asilo en sagrado llegó a la Nueva España como derecho consuetudinario pero no reconocido formalmente para dar protección a los perseguidos por delitos no graves.

La peligrosa misión evangelizadora de los jesuitas en la Tarahumara comenzó a principios del siglo XVII, cuando dos religiosos fueron martirizados en una revuelta indígena. Fueron los primeros mártires.

Salvo el periodo en que la Compañía de Jesús fue expulsada de la Nueva España, los misioneros jesuitas han brindado apoyo espiritual, educativo y laboral a los tarahumaras y los han defendido por el despojo de sus tierras y bosques por parte de caciques y grupos criminales.

Cerocahui está enclavado en plena sierra, en una zona de alto peligro como lo es el llamado triángulo dorado, donde delincuentes cultivan marihuana y amapola, bajo el control del Cártel de Sinaloa.

En el centro de la fachada de cantera rosa de la iglesia de Cerocahui, está labrado el emblema de los jesuitas, el monograma IHS, Iesus Hominum Salvator (Jesús Salvador de los Hombres).

Como exalumno de la Universidad Iberoamericana, me uno en la oración por las víctimas, reiteramos nuestro reclamo de justicia por el asesinato de los padres jesuitas Javier Campos Morales y Joaquín César Mora Salazar y del guía de turismo, Pedro Heliodoro Palma.

En México habrá paz cuando haya justicia y el Estado asuma en serio su primordial responsabilidad de proteger a los ciudadanos.

gutierrez.canet@milenio.com

@AGutierrezCanet

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