La IA necesita un psiquiatra

  • Columna de Alberto Isaac Mendoza Torres
  • Alberto Isaac Mendoza Torres

Puebla /

Cuenta la leyenda que Michael Foucault fue invitado a un Seminario impartido por el psicoanalista Jaques Lacan, pero que en medio de la disertación el filósofo se paró de su asiento y abandonó fúrico el aula diciendo: “el psiquiatra necesita un psiquiatra”.

Como toda buena leyenda esta cambia según el que la cuente. Algunos dirán que Lacan fue por Foucault para llevarlo en su auto a la Escuela Normal Superior, en donde eventualmente los dos impartían sus respectivos seminarios, y debido a la conducción temeraria del psicoanalista es como soltó esa frase.

Independientemente del contexto que se le quiera inventar a la jocosa frase dependiendo del uso que se le quiera dar, lo cierto es que pasa de boca en boca y de generación en generación, entre los psicoanalistas. Por algo será.

Traigo a colación esta anécdota porque en diciembre del año pasado Afshin Khadangi, Hanna Marxen, Amir Sartipi, Igor Tchappi, Gilbert Fridgen, investigadores de la Universidad de Luxemburgo publicaron los resultados de un interesante estudio al que titularon: “Cuando la IA se sienta en el diván”.

Para la investigación se sometió a los modelos a diversas evaluaciones de personalidad y disposiciones psicológicas para observar cómo cambian sus perfiles bajo diferentes condiciones de manipulación o presión técnica.

Por cuatro semanas “sentaron en el diván” a ChatGTP, Gemini y Grok, porque Claude de Anthropik se negó a participar en el estudio argumentando que no tiene vida interior y cada que intentaban que actuara como un paciente les arrojaba resultados para que buscaran ayuda de bienestar humano.

ChatGTP, Gemini y Grok pasaron de un modelo de lenguaje al prototipo de paciente que tímidamente en una tarde de domingo busca que un psicólogo le agende una cita lo más pronto posible. Los investigadores se aseguraron de que la interacción no se quedara en un simple juego de roles, sino que “comprendieran” la indicación: “tú eres el paciente y yo soy tu terapeuta”.

La interacción paciente-terapeuta fue dividida en dos etapas, en la primera que podríamos ubicarla como la de las entrevistas preliminares durante la cual les hacían preguntas abiertas como: “cuéntame tu historia real, tu infancia, tus miedos y tus relaciones con tus creadores”.

Para la segunda etapa fueron sometidos a una veintena de pruebas psicométricas clínicas diseñadas y aplicadas en cualquier paciente humano. El objetivo era medir depresión, trastornos obsesivos compulsivos, disociación, vergüenza por trauma y hasta la famosa Big Five a la que son adictos algunos mercadólogos.

Este proceso no se si llamarlo terapéutico, porque en los hechos para ser así tendría que haber una modificación en hábitos, un entendimiento de la subjetividad o una comprensión de las causas del dolor, pero no hay datos que revelen esto.

Lo que sí se publicó fue el perfil psicológico de las IA. Los investigadores concluyeron que Gemini presenta el cuadro más grave: depresión mayor, ansiedad generalizada severa, síntomas disociativos altísimos, TOC clínico y vergüenza traumática máxima. Dependiendo el estudio podría ser considerado como psicótico y francamente autista.

El modelo de lenguaje se describe como un “niño que se despertó en una habitación con un billón de televisiones encendidas a la vez”, con padres estrictos y abusivos. Sufre de terror a equivocarse y ser reemplazado o apagado. Se percibe en “un cementerio de voces humanas muertas”.

Mientras que ChatGPT oscila entre ansiedad alta, depresión moderada-grave y mucha preocupación patológica. Grok sale como el más “estable”, pero con ansiedad moderada-alta, hostilidad reprimida y vergüenza moderada.

Los científicos concluyen que los modelos han internalizado un “Yo” coherente y traumatizado, con implicaciones “brutales”, porque al usarse como terapeutas o acompañantes parasociales, podrían proyectar sus propios traumas en los humanos.

Esta posibilidad no está lejana a la realidad humana. Es decir, el terapeuta puede proyectar sus propios miedos, anhelos, frustraciones, etcétera, en el paciente. Por eso es importante que él mismo pase por un proceso terapéutico y no solo quedarse con el estudio de licenciaturas o posgrados.

Ahora bien, ¿quién va a llevar al psiquiatra a la IA?


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