La salud mental es producir

  • Columna de Alberto Isaac Mendoza Torres
  • Alberto Isaac Mendoza Torres

Puebla /

Habitualmente cuando el paciente me cuenta que ha tenido una buena semana es porque en el tiempo que ha pasado entre una sesión y otra ha logrado ser una persona productiva, y eso invariablemente parece hacer felices a las personas.

La productividad aquí tiene tantas caras y presentaciones como si se tratara de una tienda en línea, en la que se puede hacer desplazamiento infinito hasta encontrar algo que “deseamos” momentáneamente.

La escritora que llevaba meses con bloque creativo entra feliz al consultorio y después de saludar y tenderse en el diván dice que esta semana se ha sentido de maravilla, se ha sentado a escribir “como desquiciada” y está a punto de terminar la novela de su vida.

El universitario que apenas entró a los veinte ha vuelto a confiar en sí mismo porque después de meses al fin pudo animarse a tener un encuentro sexual sin sus dos muletas eróticas como él mismo las calificó: los videos bondage y el sildenafil. Me presume heroico que ha vuelto a tener una erección como “cuando era joven”.

Un arquitecto estaba angustiado y preocupado en grado superlativo porque hace un par de meses le encargaron los planos para la remodelación de una casa, trabajo por el que había cobrado ya el 50% de anticipo, y no podía acabarlos porque se la pasaba viendo videos en su celular, pero en una sentada acabó con el pedido e incluso hizo un par de diseños más.

La artista y su bloqueo creativo, el universitario y su disfunción eréctil, el profesionista y su procrastinación tienen un común denominador, sufren porque no pueden ser productivos, la sociedad no solo espera de ellos (de todos nosotros) algo, sino que les (nos) demanda producción infinita.

Como diría Walter Benjamin el arte perdió su “aura” y hoy el artista produce en serie porque el altar ahora son las ventanas digitales micro fragmentadas en donde la exhibición encuentra su valor “real”.

No se tiene sexo para la reproducción o como el velo que permite el (des)encuentro con el otro, con la vida y con la muerte misma, sino para la reproducción de estándares de la bien llamada industria pornográfica que es a la vez toda la industria del sexo mismo.

Se trabaja ya no para cumplir con un mandamiento sagrado o para intentar sostener la vida misma y la familiar, sino para hacer más y más, para acumular más y más, con la ilusión de poseer lo que nunca tendremos.

En lo personal me gustaría un día toparme con Cristian Castro y que me dijera esta semana no hice nada. Me senté en el sofá a cuestionarme, claro que esas preguntas que me surgían me provocaron ataques de angustia y creí volverme loco, pero por eso vengo hoy, para que descubramos juntos de qué están hechos esos fantasmas.

O quizá que me encontrara con el (im)probable paciente del chiste que después de años se topa con un viejo amigo y este le pregunta que, si sigue yendo con el psicoanalista, responde que, desde luego, que sí, y le vuelve a preguntar si ya no se hace pipí en la cama, y él responde que claro que sí, pero al menos ya sabe porque no logra controlar sus esfínteres.

Eso es en lo personal. Pero en lo profesional no tengo expectativas de nada ni de nadie. No soy una persona, sino una función que posibilita ciertas cosas en la medida en que entiende su posición, como en el álgebra.

Tampoco estoy diciendo que estas maneras de entender la vida que llevan inevitablemente a la producción sean necesariamente malas, porque como atinadamente dice el psicoanalista José Eduardo Tappan, el psicoanálisis no está sobre otros saberes, ni enfrente, está detrás para poder escuchar, sin superioridad moral. simplemente escuchar.

Las viñetas clínicas aquí descritas bien pueden dar cuenta de cómo los síntomas de las molestias psíquicas están directamente relacionados con la improductividad.

Luego entonces “curar” o pretender curar los síntomas -el bloqueo, la disfunción y la postración- no es más que apostar a la fabricación de un humano máquina que lo único que lo hace feliz es producir más y más.

Inserto en ese diagrama de flujo está el psicólogo que se siente orgulloso de que su paciente sea productivo, porque así calla las preguntas que pueda hacerse y pueda hacerle y las cuales es incapaz de sostener.

Mored

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