El ambulantaje es un fenómeno que representa todo un reto abordar por parte de la autoridad de todos los órdenes de gobierno en Puebla, el país y en el mundo.
Si bien el comercio informal no se puede erradicar, al menos se puede controlar y buscar alternativas que no pongan en riesgo la gobernabilidad de una ciudad como el caso de Puebla o bien, que se convierta en un territorio anárquico o en tierra de nadie.
En el gobierno de Claudia Rivera se promovió el ambulante al tejerse una red de corrupción y solapamiento donde existieron intereses económicos muy fuertes que generaron el desbordamiento del comercio informal a tal grado que era irreconocible el Centro Histórico de la cuarta ciudad más importante del país.
Con la llegada de Eduardo Rivera, hace exactamente una semana, se logró que los ambulantes no se instalaran, aunque se trató de una medida temporal.
Fue una tregua en la que se mostró la buena voluntad, sirviendo como parteaguas para el inicio formal de pláticas y mesas de negociación entre autoridad, vendedores ambulantes y comercio establecido.
Lo que se vio el fin de semana y hasta el pasado lunes, fueron calles limpias, seguras, sin estorbos; comercios que vieron beneficios económicos al no tener competencia desleal.
Para muchos, el gusto duró muy poco porque en el transcurso de la semana los ambulantes regresaron a las calles, pero ya no como antes.
Retornaron con orden y sin colocarse en calles emblemáticas como la 5 de Mayo o bien, en las inmediaciones de la Catedral. ¿Es esto un retroceso? Personalmente me parece que no.
Ni los gobiernos del PRI, del PAN y menos de Morena han logrado erradicar el ambulantaje.
Insisto en que lo que sí se puede hacer es poner orden. No es tampoco un acto de magia donde de la noche a la mañana el problema ya no esté presente. Se trata de poner orden e irlos desplazando de forma progresiva.
Por eso, la tregua terminó, los ambulantes cumplieron y ahora en respuesta, el nuevo gobierno municipal les permite instalarse pero sin cometer excesos como colocar grandes puestos, ocupar el arroyo vehicular y poner en riesgo a los peatones. Menos aun comercializar productos robados o ilegales. Y menos aun hacerlo en sitios emblemáticos.
Pero ahora, los que se comportan de forma intolerante son los empresarios que quieren todo o nada. Y eso que ya tuvieron nada en el anterior gobierno. Así que para que el fenómeno del ambulantaje tenga un final feliz, es necesario que todos los sectores se pongan de acuerdo y por sobre todas las cosas, que se cumplan los acuerdos.
Es la prueba de fuego para Eduardo Rivera y de esta forma comprobaremos que nos devuelve a la heroica ciudad de Puebla o solo nos está llevando a su nueva “Lalolandia”.
Alberto Rueda
@AlbertoRuedaE