El mito de las encuestas

Puebla /
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Las encuestas de Morena se parecen a los Reyes Magos, todo mundo habla de ellas, muchos aseguran que existen, pero casi nadie puede decir que las ha visto. Y no es nuevo.

Desde 2018, Morena convirtió las encuestas en el mecanismo para elegir a quienes primero serán coordinadores y después, candidatos.

El problema es que, ocho años después, el partido sigue sin convencer a sus propios militantes y a los ciudadanos, de que realmente son las encuestas las que deciden.

Porque resulta que no sabemos quién encuesta, a cuántas personas, en qué colonias, cómo seleccionan la muestras, cuáles son las preguntas, qué variables pesan más para determinar al ganador, entre otras.

Y sobre todo, donde se pueden consultar los resultados completos.

Es ahí donde comienza la sospecha.

Sí un partido guarda o esconde el instrumento con el que define quién será su candidato, surge la duda de si la encuesta sirve para elegir al ganador o para justificar al que ya eligieron.

Es decir que primero existe la decisión y después se diseña el traje a la medida para justificarla.

No sería la primera vez que un aspirante asegure tener sus propias mediciones, presuma ventaja, movilice estructuras y llene eventos, para que al final aparezca otra encuesta, la buena, la oficial, la que nadie conoce, diciendo exactamente lo contrario.

Y entonces aparece la disciplina institucional y la repartición de los premios de consolación.

Puebla capital será una buena prueba.

En la pista aparecen, entre otros, José Chedraui, Gabriela Sánchez y Claudia Rivera. Hay recorridos, reuniones, fotografías, estructuras, movilizaciones y demostraciones de músculo.

Cada uno intentará convencer de que tiene más respaldo que los demás, aunque... ¿todo eso puede cambiar el resultado?

Porque si la encuesta es real, los aspirantes tienen razones para competir hasta el último día, conquistar simpatías y mejorar sus números.

Pero si la decisión ya fue tomada en un escritorio, entonces las movilizaciones, las bardas, las reuniones y los discursos sirven para nada.

Morena podría terminar fácilmente con las sospechas si publicara metodología, cuestionarios, muestra, fechas de levantamiento y resultados completos y no manejarla como secreto de Estado.

A menos, claro, que el misterio sea parte del método.



  • Alberto Rueda
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