La lamentable muerte de María Fernanda, una joven universitaria de apenas 24 años, pone al descubierto una serie de fallos que deben tomarse en cuenta y que deben dejar de ocurrir.
No sólo nos obliga a observar el crimen sino todo lo que ocurrió alrededor.
Y es que un feminicidio no empieza el día en que una mujer es asesinada. Muchas veces comienza con amenazas, golpes, miedo, silencio y con un sistema al que no hemos logrado sacudirnos.
La lucha contra la violencia de género no debe centrarse a los 25 de cada mes para ponernos prendas naranjas y enviar mensajes vacíos en las redes sociales.
Hay que dar el siguiente paso y el caso de María Fernanda exhibe que denunciar violencia sigue siendo, para muchas mujeres, un calvario. Hay miedo, desconfianza y desconocimiento sobre dónde pedir ayuda.
El gobierno de Alejandro Armenta ha apostado por las Casas Carmen Serdán como parte de la respuesta institucional. Es un esfuerzo importante, por algo se empieza pero debe complementarse.
El segundo problema apareció después del feminicidio.
La familia tuvo que esperar durante horas para que el Servicio Médico Forense levantara el cuerpo pues “no había unidades disponibles”.
Imagínese a la familia destrozada por el asesinato y además, obligada a esperar junto al cuerpo porque no se tiene capacidad suficiente para responder. Se le llama revictimización.
Y luego ocurrió que el probable responsable regresó al lugar e intentó entregar cinco mil pesos a agentes ministeriales.
Esta confianza para regresar a la escena de un crimen e intentar comprar a la autoridad surge por haber crecido en un país donde se tiene la idea de que casi todo tiene precio.
Y luego las instituciones, en este caso la Universidad de las Américas que un día la desconoció y al otro se acordó que siempre sí fue parte de la comunidad estudiantil, con una declaración desafortunada y sin empatía.
Cuando una mujer es asesinada, las instituciones están obligadas a verificar cuidadosamente la información antes de hablar y a entender el momento.
El caso de María Fernanda deja varias lecciones.
Se debe construir un sistema que consiga que una mujer amenazada llegue viva al día siguiente.
Ahí está el verdadero reto.