Los padres de los 43 normalistas de Ayotzinapa temen que se esté preparando una nueva narrativa de los hechos que genere más dudas que certezas sobre lo que ocurrió con ellos.
En marzo de 2026, autoridades federales les informaron del hallazgo de una bolsa con restos óseos en la funeraria “El Ángel” en Iguala, Guerrero.
La bolsa fue supuestamente encontrada desde octubre de 2025. Y según la versión oficial, habría permanecido intacta todo ese tiempo.
El hallazgo no se los reportaron a las familias inmediatamente, sino hasta que les organizaron una visita al sitio. Ahí vieron que la bolsa seguía cerrada y sellada. En ella destacaba la leyenda “2014”. Lo que hacía pensar que tenía alguna relación con la desaparición de los estudiantes.
A los padres les llamó la atención que estando ahí uno de los funcionarios se refirió al contenido de la bolsa como “restos”, cuando hasta ese momento no la habían abierto.
Hace unos días, un grupo de padres emitió un posicionamiento anticipando que una nueva narrativa de los hechos parecía estar emergiendo desde el gobierno y la FGR. Cuestionan que el paquete se mantuviera “intacto, abandonado y sin intervención inmediata de los peritos forenses para el análisis científico de su contenido”. Se preguntan “cómo es que la Fiscalía aseguró o afirmó que contenía restos humanos si formalmente nadie había roto el sello para verificarlo”.
Para las familias y sus asesores legales, a todas luces se trató de un montaje. Una siembra de evidencia, al haberles anticipado el contenido.
Si fuera cierto que tardaron meses en procesarlo, significaría que se violó la cadena de custodia al haber dejado la bolsa en ese local privado, sin el debido procesamiento pericial. Lo que haría ilegal la evidencia.
Sin embargo, se teme que esos restos sí tengan coincidencias con los normalistas. Y se intente hacer creer que ese crematorio fue su destino final.
Entonces surgirán nuevas dudas sobre la manera en que fueron incinerados, pues sería imposible su identificación si la cremación se hubiese realizado en hornos crematorios convencionales.
Expertos señalan que para lograr una identificación a través de ADN, el sometimiento al fuego debió ser diferenciado.
Las autoridades planean argumentar que los hornos estaban descompuestos y por lo tanto la cremación no fue uniforme.
Habrá que esperar lo que digan sobre los materiales que se hayan detectado además de los restos óseos. Si son similares a los que habría en un basurero, volverá a surgir Cocula.