El crimen de Atizapán sacudió al país y fue retomado por medios en otras partes del mundo. Una atrocidad así no era para menos.
Sin embargo, la cobertura en los medios de comunicación motivó críticas, análisis y propuestas para evitar perjudicar a las víctimas.
¿Hasta dónde era conveniente mostrar la escena del crimen? ¿Y qué tanto aportaba o estorbaba el periodismo narrativo en situaciones así?
Reconocimos el hecho como uno de los asesinatos múltiples más violentos y crueles de los que hemos dado cuenta en México. Y vaya que contamos con un amplio repertorio en esa materia, lamentablemente.
Aunque era imposible imaginar lo que esa familia pasó en sus últimos momentos de vida, debíamos preguntarnos qué hacer frente a tales imágenes, relatos y suposiciones de lo que vivieron antes de ser asesinados.
La inmediatez con la que las noticias se difunden dificultan el tratamiento adecuado. Pero a eso nos sometemos todos los días. Nuestra responsabilidad es delimitar lo que queremos y podemos mostrar a la audiencia.
Audiencia con acceso a múltiples fuentes de información, incluidas las redes sociales, donde verá cualquier imagen o video que desde nuestra perspectiva editorial determinemos omitir.
Más allá de lo que pueda encontrar por su cuenta, desde nuestra trinchera debemos ajustarnos a criterios éticos, periodísticos y de responsabilidad.
Hay quienes consideran que ocultar u omitir imágenes resulta contraproducente y lleva a la normalización de la violencia ejercida.
Para otros, no bastaba con blurear a los muertos, ni taparle el rostro al pequeño sobreviviente. Simplemente había que decir lo que pasó y destacar la conducta violenta del presunto asesino.
Otra decisión equivocada es la de utilizar imágenes filtradas, pues si bien el periodista no comete delito al difundirlas, quienes las tomaron y distribuyeron sí. La escena del crimen debe resguardarse, incluyendo material en audio, video o fotográfico obtenido por las autoridades.
Es cierto que la infamia no se puede ocultar, ¿pero cómo podemos ajustar la forma en que la exponemos?
La pregunta es incómoda, pero necesaria.