Morena decidió salir a defender al hijo del expresidente López Obrador ante la revocación de su visa estadunidense. Ven, en la determinación, injerencia extranjera y riesgo para la soberanía.
El argumento y la estrategia para comunicarlo parecen dictados desde Palenque, donde son expertos en victimizarse.
Estados Unidos no había comunicado, ni filtrado, la información sobre la visa de Andy. Fue el propio López Beltrán quien lo hizo público en la carta que difundió en sus redes sociales el jueves por la noche.
Desde ese momento la narrativa de Morena ha sido la misma: cuestionar el actuar de Estados Unidos por supuestamente intentar incidir en la vida política nacional.
¿Realmente le importa a Estados Unidos que Andy cumpla con su aspiración y llegue a ser diputado federal en 2027? Claro que no.
Tampoco es momento para suponer que la decisión de las visas busque incidir electoralmente contra Morena en 2027 o 2030.
Lo que Estados Unidos quiere es presionar con decisiones como el retiro de la visa del hijo del expresidente y líder del movimiento en el poder. Quiere que le entreguen a los políticos que en sus cortes tienen cargos de narcotráfico, empezando por Rubén Rocha Moya.
El mensaje es que si México se sigue negando a siquiera detenerlos, irán por más. Se los han advertido en público y en privado.
Pero parece que Andy y Morena no lo tienen tan claro. Y por eso en el último párrafo de su carta lo solicita directamente: “espero su respuesta para también saber a qué atenernos, lo cual siempre se agradece, porque la hipocresía no puede ser la doctrina que guie el noble oficio de la política y menos cuando se trata de la relación entre pueblos amigos y naciones con decoro”.
La frase parece dictada por el padre. Y es el objetivo de toda la estrategia de comunicación que se emprendió desde aquella noche. Medir la vara: “saber a qué atenernos”.
Ahora el partido, sus liderazgos y hasta la Presidenta (que debería mantenerse al margen) continuarán con lo de la defensa de la soberanía y el relato antiinjerencista.
Lanzarán una campaña, harán asambleas por el país y plancharán el terreno para que, si así lo quiere, Andrés Manuel López Obrador salga de Palenque, convoque a sus simpatizantes, marchen, haga un mitin en el Zócalo y señalen a Estados Unidos como el extraño enemigo que quiere interferir en lo que pasa en México.
Y entonces sí, Trump dirá a qué atenernos.