São Paulo. Lo que pasó aquí el domingo es una muestra de movilización social sin precedente. La gente que respaldó a Lula hace 4 años terminó desencantada de su regreso a la presidencia, les pareció que les quedó a deber, a tal grado que algunos votaron por Flávio Bolsonaro y otros mejor ni acudieron a las urnas en la primera vuelta.
Fue un voto de castigo y un golpe de realidad el que le dieron al máximo líder político brasileño a sus más de 80 años, con 40 de trayectoria social.
El descontento le habrá abierto los ojos y obligado a formular propuestas más afines a los votantes que en otros procesos lo han apoyado, incluida la histórica reducción de la jornada laboral que hasta los partidos de derecha tuvieron que respaldar con la presión social y las elecciones en puerta.
La campaña se movilizó, incluyendo las redes sociales. Pero lo que más impactó fue el trabajo de la propia ciudadanía, en particular los jóvenes.
Tres semanas les bastaron para convencer a los electores menos entusiasmados en que Lula era la mejor opción y que un gobierno de Bolsonaro representaba un riesgo.
La capacidad de movilización y convencimiento, con manifestaciones, trabajo en estaciones del metro, pláticas entre familiares y amigos, en persona y en grupos de WhatsApp, mostró lo que los jóvenes pueden lograr.
Ellas y ellos ganaron la elección. Y le dieron la vuelta al resultado. Ayer Lula salió a agradecer toda esa movilización a su favor. Sabe que les debe el triunfo porque él, aún siendo Lula, ya había perdido en primera vuelta.
El poder que ahora tiene esa sociedad movilizada se seguirá materializando, pues Lula los necesitará de su lado los siguientes 4 años. Tiene la Cámara de Diputados y el Senado en contra. Con la amenaza de una destitución permanente. ¿Quiénes más que la gente, protestando y movilizándose podrían salvarlo?
A cambio deberá redefinir las políticas que no les gustaron del tercer mandato. Y a la vez seguir negociando con quienes controlan el capital privado y el Congreso. Fácil no la tiene.
Los que se movilizaron son los que ahora mandan. De eso debe aprender el mundo.
Democracia es “el poder del pueblo”. Basta levantarse y ejercerlo.