Ayer se cumplió un año de la desaparición de Carlos Emilio Galván Valenzuela. Hoy cedo esta columna a Brenda, su madre, que lucha a diario por encontrarlo.
“¿Qué falta?”, por Brenda Valenzuela.
Era la 1:35 de la madrugada del 5 de octubre de 2025. Tres jóvenes de Durango se encontraban en un establecimiento nocturno en Mazatlán, después de disfrutar de una cena familiar. Emilio prácticamente recién graduado, celebraba con sus primas. En ese momento tenía 20 años. Solo unos días después, el 9 de octubre, cumpliría 21.
Poco después de llegar empezaron a ser abordados por desconocidos. Emilio ingresó al baño. Para ese momento ya estaba nervioso y sus primas lo notaron. Sin embargo, ninguno de ellos se imaginó el verdadero riesgo en el que se encontraban. No tenían por qué saberlo ni intuirlo. No debían nada.
Desconocían que en el lugar se encontraban miembros de una facción del cártel de Sinaloa. Al igual que en todos los establecimientos nocturnos del puerto, se ofrecía droga a los visitantes y se supervisaba con cuidado la presencia de forasteros.
Alguien dio la orden de llevarse a Emilio. Sabemos que protegió a sus primas, pues de otra manera no se habría dejado conducir sin resistencia al vehículo en el que se lo llevaron.
Precisamente hoy, a un año de esa noche, compareció ante un juez federal el presunto responsable que se lo llevó del Terraza Valentinos y lo condujo hacia un destino incierto. No es el único detenido con relación al caso, y aún así, no sabemos dónde está Emilio.
Estando en audiencia, el detenido nos observaba impasible, con una mirada retadora. Inclusive llegó a burlarse. Era la mirada de quien se ha sabido impune en otras ocasiones.
A dos años de iniciada la guerra interna del cártel de Sinaloa, siguen desapareciendo jóvenes, aumentan los muertos y la violencia no cesa. Según las cifras oficiales más actualizadas, son 7,366 las personas que nos faltan y cuyas vidas quedaron truncadas en Sinaloa.
El despliegue de fuerzas de seguridad es inédito. Prácticamente diario se reportan detenciones relacionadas con el crimen organizado. Al menos en apariencia, cayó Rocha Moya. Y aún así, no sabemos dónde está Emilio.
No sabemos qué falta. Sólo sabemos que nos falta Emilio, y mientras no lo encontremos y a todos quienes nos faltan, no habrá un futuro para Sinaloa.