Y puede hacerlo en cualquier terreno.
Empiece por dejar pasar al peatón, no estacionarse en lugares para discapacitados, no pasarse los rojos, ceder el paso, no tirar basura, no echarle el agua de lluvia a los demás y un largo etcétera.
Únase a una agrupación o, mejor aún, cree una. Que sea con gente de bien, con sus mismos intereses, que vele por el bien de su ciudad. No gaste el tiempo en esfuerzos aislados: hágalo en conjunto y así sí podrá ser agente de cambio.
Hable con los menores que usted, ahórreles los errores que ya cometió, platique y comparta sus experiencias, que son la mejor forma de no repetir historias.
Vaya a votar, cite a sus diputados y exíjales, y a sus gobernantes hábleles claro y de frente cuando algo esté mal. Piense en propuestas, póngalas en la mesa y deles seguimiento hasta que se vuelvan realidad.
Haga ejercicio, coma bien, deje las papas y los pastelitos, levántese temprano, haga su tarea diaria, duérmase temprano, cuide su salud, conteste el celular, llegue a tiempo, no cancele sus reuniones, piense lo que dice antes de arrepentirse por decir lo que piensa, llame a sus familiares queridos y, sobre todo, no permita las injusticias.
Nunca sabe quién lo está viendo: sea un ejemplo para los demás.
Pero si usted es de los que prefiere quejarse, inconformarse, criticar, juzgar, quedarse en casa, no informarse, no leer más que historietas, no estudiar, juntarse con inútiles, querer pasar primero, manejar ebrio, usar drogas, sobornar al agente de tránsito para evitar la multa, mentir, hacer trampa, faltarle al respeto a los demás y molestar a los vecinos con su basura y su ruido, entonces, querido lector, usted es parte del problema, y el mundo no va a cambiar mientras usted siga igual.
Si usted cambia su rumbo y yo el mío, pronto cambiaremos el mundo. Empiece hoy: cambie su rumbo.
¡Buen día!