No está a la venta

  • En Corto
  • Alejandro Maldonado

Estado de México /
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Ayer escuché, después de años, la canción “Se vende el Cristo”, de Rodrigo Silva. No es popular en los círculos religiosos porque su letra expone cómo algunas personas lucran con las necesidades espirituales: “Pero el rebaño se ha vuelto el mercado que oportunistas no dejan pasar. Con pan y circo aseguran sus ventas y sus proyectos son la prioridad. Se vende el Cristo que da la vida. Temen que el otro les vaya a ganar”, dice parte de la melodía.

Hay personas que se han alejado de Jesucristo por experiencias dolorosas con líderes religiosos o supuestos profetas que, atribuyéndose la voluntad de Dios, les hicieron falsas promesas. A cambio de dinero o bienes, les ofrecieron prosperidad, sanidad o el cumplimiento de alguna profecía. Cuando nada sucede, terminan culpando a quienes confiaron en ellos, acusándolos de falta de fe.

Desde los primeros tiempos del cristianismo, Dios nos advirtió sobre estos engañadores: “Y muchos seguirán sus disoluciones, por causa de los cuales el camino de la verdad será blasfemado; y por avaricia harán mercadería de vosotros con palabras fingidas” (2 Pedro 2:2-3).

El gran negocio del Señor es la salvación del pecador…, de forma gratuita: “Sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación”, (1ª. Pedro 1:18-19). Por su amor y compasión hacia nosotros, el Señor entregó a su único y amado Hijo para regalarnos perdón, salvación y vida nueva. La gracia, -expresada una y otra vez en la Biblia-, es el favor divino, inmerecido, que sin nada adicional limpia al pecador y lo libra de la culpa: “Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo, por gracia sois salvos”, (Efesios 2:4-5). “Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro”, (Romanos 6:23). El hombre te pudo haber fallado, engañado y utilizado; pero Dios está más que dispuesto a salvarte, restaurarte y darte un nuevo comienzo. Cree en Jesucristo, pídele que te perdone, libere y venga a morar a tu corazón y lo verás.


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