Falta casi medio año para que inicie de manera formal el proceso electoral 2027. ¡Casi medio año! Pero en Jalisco parece que nadie entiende el calendario. Lo que hemos visto en los últimos días no son estrategias ordenadas moviendo piezas tras bambalinas: es una mesa volcada en la vía pública, con insultos encima y sin que nadie llame al orden.
El detonador fue el Partido Verde. Su anuncio de ruptura con Morena resultó un duro golpe para el partido guinda y desató reacciones inmediatas: descalificaciones desde Morena nacional al delegado estatal del Verde que hizo el anuncio, una disputa en el Congreso local para quitarle una comisión a un diputado verde, y una sacudida en los demás partidos, obligados a revisar su propia situación.
De pronto, todos despertaron. PRI, PAN, MC, Morena: todos hablando al mismo tiempo, acusándose, contradiciéndose y, lo más triste, quedando mal cada vez que abren la boca.
El sábado, durante una reunión entre panistas para definir sus banderas en el Congreso de Jalisco, el exgobernador Emilio González propuso un gran frente opositor. Sonaba estratégico. Pero su idea levantó polvo: generó rechazo inmediato de los emecistas y los priistas arremetieron también contra los naranjas. Después del show, el dirigente estatal panista Juan Pablo Colín respondió al día siguiente: “El PAN va solo”. Ni siquiera se tomaron la molestia de coordinar el mensaje. El que fue su líder histórico pide unidad; el jefe actual entierra cualquier posibilidad con un portazo seco. En el PAN no se pelean con Morena: se pelean entre ellos.
Movimiento Ciudadano ya tiene el discurso de memoria. Mirza Flores dijo que los naranjas no hacen alianzas con partidos “que le fallaron a la gente”. Y mientras eso ocurre, la ciudadanía es testigo de cómo los partidos se pelean en bardas entre ellos y con sus adversarios, y ahora en quejas ante el Instituto Electoral y de Participación Ciudadana (IEPC), no en soluciones. Flores ya presentó una denuncia formal: señala 42 bardas de la diputada federal Mery Pozos, 35 de la local Itzul Barrera y 13 del regidor Chema Martínez. “Si ahorita con estos detalles pequeños lo están haciendo, dijo, ¿de qué van a ser capaces en campaña?”.
El PRI, ese que alguna vez fue el partido del poder, lanza sus misiles desde la orilla. Laura Haro, su presidenta, llamó “esbirros de Morena” a los demás. “Dicen que con el PRI ni a la esquina pero van a la cama con Morena”, tronó. El problema es que el PRI no se pone de acuerdo ni entre ellos: en el Congreso solo hay tres legisladores y cada uno jala para su lado.
Mientras tanto, Morena observa. Carlos Lomelí no escondió la sonrisa: “Nos da gusto”, dijo sobre la propuesta de Emilio González. Un enemigo que se pelea solo es más fácil de vencer. Aunque Lomelí enfrenta sus propias batallas internas, lo que realmente celebra es esto: la oposición jalisciense está tan ocupada golpeándose que se olvidó de golpearlo a él.
Y en medio del escándalo, el Partido Verde movió sus fichas sin estridencias. Ellos sí entendieron algo que los demás parecen haber olvidado: la política no es un programa de gritos, es un juego de posiciones. Mientras los otros levantan la voz, ellos ya eligieron su rincón de la mesa. Nadie los aplaude, pero nadie los ve tropezar. Y en política, eso ya es una ventaja, según confió un viejo político de Jalisco con sonrisa de Mona Lisa en la mesa de un café tapatío.
Lo más grave no es si hay alianzas o no. Lo más grave es el espectáculo. El griterío. La incapacidad de esperar a que la ley diga “ya” para comportarse como estadistas. Van a renovarse alcaldías, diputaciones locales y federales: eso define si las calles tienen baches, si los hijos van a la escuela seguros, si la colonia tiene luz. Pero con este nivel de pleito, lo único que los ciudadanos parecen dispuestos a renovar es el hartazgo con que llegarán a las urnas.
Faltan más de cinco meses. Ojalá alguien les avise que la campaña todavía no empieza. Porque viendo el circo, uno juraría que ya vamos por el segundo tiempo y con dos expulsados.