El mercado recordó que no todo es tecnología e IA

Ciudad de México /
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Durante el último mes, los inversionistas han sido testigos de una de las pruebas más interesantes para los mercados desde que comenzó el auge de la inteligencia artificial. Después de un periodo en el que semiconductores, fabricantes de memoria y grandes compañías tecnológicas lideraron prácticamente todas las conversaciones de inversión, finalmente llegó una corrección relevante en varios de estos nombres. Sin embargo, lo verdaderamente sorprendente no fue la caída de algunas de las empresas más ligadas a la inteligencia artificial. Lo sorprendente fue que el mercado en su conjunto mostró una resiliencia notable.

A primera vista podría parecer una contradicción. Si la inteligencia artificial ha sido uno de los principales motores del mercado, ¿cómo es posible que los índices bursátiles se mantengan relativamente cerca de máximos mientras el sector tecnológico atraviesa una corrección significativa? La respuesta es que el mercado comenzó a recordar algo que a veces se olvida en los periodos de euforia: no todas las oportunidades de inversión se encuentran en el mismo lugar y no todas las empresas dependen de una sola narrativa de crecimiento.

La primera parte de este ciclo estuvo claramente dominada por la infraestructura de la inteligencia artificial. Los inversionistas premiaron a quienes fabricaban chips, suministraban memoria, construían centros de datos o participaban directamente en el incremento del gasto de capital de los grandes desarrolladores tecnológicos. El crecimiento de las inversiones asociadas a la IA alcanzó magnitudes pocas veces vistas y las expectativas parecían justificadas por un incremento constante en la demanda de capacidad de cómputo.

Pero conforme avanzó el año, comenzaron a surgir preguntas razonables sobre valuaciones, retornos esperados y velocidad de monetización. Los inversionistas ya no buscaron únicamente historias de crecimiento; buscaron evidencia de rentabilidad. Las dudas sobre la sostenibilidad del ciclo de inversión en memoria, semiconductores y capacidad de cómputo, provocaron una toma de utilidades en varios de los principales ganadores de los últimos años.

Sin embargo, a diferencia de otros episodios de concentración extrema, la corrección no se extendió de forma uniforme al resto del mercado. Mientras tecnología sufría ajustes importantes, varios sectores tradicionalmente menos llamativos comenzaron a mostrar una mejor resistencia. Salud, consumo básico, financieras y otros segmentos más defensivos, ofrecieron refugio en medio del aumento de la volatilidad. Al mismo tiempo, estrategias orientadas al valor y mercados que habían quedado rezagados en la carrera tecnológica empezaron a atraer nuevamente la atención de los inversionistas.

Este fenómeno también se observó a nivel internacional. Mercados con una exposición mucho menor a semiconductores y grandes tecnológicas, como Brasil, México o incluso algunas regiones de Europa, mostraron un comportamiento relativamente estable frente al ajuste de los mercados más vinculados al ecosistema de inteligencia artificial. La lectura es sencilla: el mercado no abandonó el apetito por riesgo, simplemente comenzó a diversificar sus fuentes de crecimiento.

Existe además otro factor que ayuda a explicar por qué los índices han sido capaces de absorber el ajuste tecnológico. A pesar de la volatilidad reciente, las expectativas de crecimiento de las utilidades corporativas continúan siendo favorables. Los inversionistas siguen anticipando que las empresas mantendrán una expansión significativa de beneficios durante los próximos años gracias a mejoras de productividad, inversión y una economía estadounidense que, por ahora, continúa evitando una desaceleración abrupta. La confianza en las utilidades futuras se mantiene como uno de los principales soportes para las valuaciones de mercado.

Todo esto ocurre en un contexto que tampoco ha sido sencillo. Las tensiones geopolíticas volvieron a ocupar titulares, reaparecieron preocupaciones sobre energía y comercio internacional, y los mercados continúan evaluando la trayectoria futura de las tasas de interés. Normalmente, una combinación de estos factores habría generado una corrección más profunda. Sin embargo, la fortaleza observada durante las últimas semanas sugiere que los inversionistas siguen viendo una economía suficientemente sólida como para sostener el crecimiento empresarial.

La lección para los inversionistas es importante. La corrección reciente no necesariamente representa el fin de la historia de la inteligencia artificial. Más bien, parece reflejar una etapa de maduración. Al mismo tiempo, está demostrando que los ciclos alcistas más saludables suelen ser aquellos en los que el liderazgo se amplía y deja de depender de un grupo reducido de compañías.

En definitiva, aunque la inteligencia artificial seguirá siendo una de las grandes transformaciones económicas de nuestra generación, las últimas semanas nos recuerdan que construir un portafolio exitoso nunca ha consistido en apostar todo a una sola idea. Es decir, la resiliencia del mercado no provino de que la tecnología siguiera subiendo. Provino de algo mucho mejor: la existencia de múltiples caminos para generar valor en un entorno económico que, pese a los desafíos, ofrece oportunidades para quien sabe mirar más allá de los nombres de moda.

Alfredo San Juan


  • Alfonso Jarquín
  • Director de Inversiones en Valmex
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