El entorno social de violencia que hemos vivido en días recientes nos lleva una vez más a reflexionar sobre la urgente necesidad de replantear las estrategias educativas para fortalecer desarrollo de capacidades para la paz, la convivencia democrática y el respeto de los derechos humanos. Apunto como una vía, el establecimiento de un verdadero programa de formación docente que apoye a las maestras y maestros en una comprensión profunda del enfoque filosófico-pedagógico-didáctico de la Nueva Escuela Mexicana. Acciones que apunten a configurar una cultura escolar diferente, en el sentido de reconocer que la escuela es el primer lugar de convivencia, después de la familia, y es donde los alumnos encuentran expresadas las confrontaciones que se viven en sociedad.
Jiménez (2004) nos dice que para la promoción de una educación para la paz “El punto de partida común es el reconocimiento de que la construcción de un mundo de paces implica partir de (y responder a) un mundo de violencias al que se encuentra sometida la humanidad”. Hoy la escuela no puede ser ajena a las violencias sociales que la rodean, no se puede mostrar indiferente y necesita, desde su ámbito de acción y posibilidades contribuir a una formación ciudadana más humana, sensible y crítica de sus alumnos para hacer frente a la realidad que viven día con día.
Educar para la paz se considera como un “Proceso educativo, dinámico, continuo y permanente... que, a través de la aplicación de enfoques socioafectivos y problematizantes pretende desarrollar un nuevo tipo de cultura, la cultura de la paz, que ayude a las personas a desvelar críticamente la realidad para poder situarse ante ella y actuar en consecuencia”. (Jares, 1995)
Educar para la paz requiere de un replanteamiento de las políticas públicas para atender las desigualdades e inequidades sociales, y tambien, como lo menciona, Ricardo Hevia (2009) atender las siguientes recomendaciones: a) Enfatizar las políticas de equidad, b) Preparar a los estudiantes para el ejercicio de la ciudadanía, c) Promover la inclusión, la diversidad y la cohesión social, y d) Reforzar la regulación de los estados para evitar y combatir la discriminación.
Educar para la paz aparece en el escenario educativo como una cuestión transversal que requiere de una atención puntual desde lo político, lo educativo, lo curricular, lo pedagógico, lo didáctico y lo comunitario. La tarea de los docentes, en este tema, no se puede dejar en solitario, se necesita del concurso de las autoridades, madres y padres de familia y comunidad.