El aula vacía

  • Apuntes pedagógicos
  • Alfonso Torres Hernández

Ciudad de México /

El escenario que nos muestran nuestras escuelas y demás instituciones educativas en estos días es de soledad. Los patios y pasillos vacíos y silenciosos. Las entradas sin la aglomeración cotidiana de padres y alumnos. Las butacas y mesabancos vacíos. Las aulas vacías de personas, sin la tradicional algarabía y voces en su interior o su silencio, pero un silencio que se respira porque se sabe que hay vida. Hoy es distinto, aun sabiendo que la ausencia es temporal, el silencio se respira distinto.

Es un silencio que nos grita, que nos reacomoda, que nos pide detenernos. Un silencio y vacío que nos exige pensar y repensar. Porque la pandemia también es momento de reflexión, de análisis, de crítica, pero también lo debe ser de acción.

La pandemia del covid-19 no sólo ha dejado aulas vacías, sino también ha dejado al descubierto nuestras debilidades, nuestras carencias, nuestra ignorancia, en materia de las “habilidades digitales” y de “nuevas tecnologías”.

La pandemia se ha constituido en uno de los principales dispositivos de evaluación de las políticas educativas de los últimos veinte años. ¿Dónde quedó el programa Enciclomedia? ¿Dónde quedó el programa de entrega de tablets? ¿Dónde quedó el internet inalámbrico para todos? ¿Dónde quedó la actualización y capacitación docente en nuevas tecnologías para la enseñanza? Programas van y vienen, acompañados de discursos retóricos, y, sin embargo, la relación pedagógica parece mantenerse estática.

Algunos docentes se muestran apáticos a una relación pedagógica vía medios, y no porque no sepan qué hacer, sino por falta de los medios precisamente (conectividad y recursos).

Otros docentes, dominantes de este tipo de estrategias, desarrollan su clase sin considerar las particularidades de los alumnos, principalmente en cuanto a carencias de conectividad. Y otros más, sin tener las habilidades, ni los recursos, ni el conocimiento, hacen lo que pueden. Por eso la relación pedagógica parece haberse detenido, sin tránsito.

Mientras tanto los alumnos, los millones de alumnos. Los menos, que cuentan medianamente con conectividad y recursos, cumpliendo medianamente con las indicaciones de sus profesores y medianamente sujetos al apoyo de sus padres y familiares.

Los más, sin la posibilidad de este tipo de interacción por las carencias de conectividad y recursos. Y tal vez, gran parte de su tiempo, dedicado al ocio que nos ha impuesto la pandemia.

La relación pedagógica entonces, se ve vulnerada y nos lleva a reflexionar, particularmente sobre el proceso formativo de nuestros estudiantes. ¿Qué queremos de ellos como profesores en este momento? ¿Qué lugar le damos al currículum prescrito? ¿Qué pensamos de la relación pedagógica? ¿Qué lugar le damos a otros ámbitos de su desarrollo y de su vida? ¿Son los contenidos escolares los únicos dispositivos para el desarrollo de su pensamiento y autonomía? ¿Es posible la emergencia de conocimientos alternativos al currículum oficial? ¿Es posible la generación de espacios de aprendizaje alternativos a la escuela? Interrogantes que colocan a los planes y programas de estudio de todos los niveles en un lugar de crítica y valoración.

Es esta la tarea que no podemos evitar. Pensar en las aulas vacías de estos días, es pensar en todo ello. No hay otro tiempo, es hoy. No hay otro camino, es este. Evaluemos la política, evaluemos la escuela, evaluemos el currículum, pero, sobre todo, evaluemos nuestra relación pedagógica.

La pandemia por el covid-19 nos ha dejado las aulas vacías pero los corazones llenos de nuevas reflexiones, pensamientos, críticas, que, encaminados adecuadamente deben plantear nuevos rumbos para nuestra relación pedagógica, para nuestra educación y nuestra sociedad.

torresama@yahoo.com.mx

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