La administración educativa

  • Apuntes pedagógicos
  • Alfonso Torres Hernández

Ciudad de México /

La complejidad de la educación nos obliga a comprenderla desde una totalidad, y si deseamos aportar a la solución e sus múltiples problemas, solo es posible si consideramos una visión global de las situaciones. Es decir, se requiere de un enfoque interdisciplinario que permita la atención desde distintas miradas. En este sentido, la educación debe ser vista como un sistema donde sus partes están interrelacionadas entre sí, luego entonces los sistemas educativos son complejos en la que se hacen presentes problemáticas que tienen que ver con lo pedagógico, lo político, lo financiero, lo cultural, lo comunitario, etcétera.

Un elemento poco atendido que tiene que ver con la organización del sistema educativo y toda esta complejidad es la administración educativa. La historia nos dice que: “hasta épocas muy recientes, la administración educativa era considerada, consciente o inconscientemente, como un subproducto del sistema educativo, es decir, como «algo» añadido al sistema y que como tal carecía de sustantividad propia. Esta concepción era una consecuencia general del papel de una administración que en el pasado se limitaba a las clásicas actividades de policía y fomento. En especial, por lo que respecta al ámbito de la educación, la Administración tradicional se circunscribía a una actividad de ordenación legal e inspección del sistema”. (M. De Pelles, 1978).

Y efectivamente, la tradición y enfoques administrativos aplicados en el ámbito de la educación, por lo menos hasta finales del siglo pasado, mostraban esa tendencia fiscalizadora por parte de los administradores educativos. Con una visión más cerrada de los procesos, problemáticas y prácticas. La tendencia en crecimiento de otros enfoques, como el de gestión y autonomía, vino a marcar una ruptura en la configuración del papel que deben jugar los administradores educativos, particularmente en un contexto donde la democratización, masificación y complejidad de la educación así lo exige.

La administración educativa se reconoce hoy en día como un campo amplio que nos permite la comprensión del sistema educativo de manera integral, para su mejor organización y funcionamiento en sus ámbitos y procesos. El papel de los administradores educativos entonces, sería de diagnosticar, diseñar, elaborar una planificación e instrumentarla y evaluarla para generar un sistema eficiente y eficaz para la mejora y transformación de “la enseñanza-aprendizaje en un entorno social en el que se imparte el servicio, para que responda a las necesidades de los alumnos y de la sociedad, es decir, responsabilizarse de los resultados de este sistema”. (Martínez, 2012)

Es importante entonces, trascender la visión simplista de la administración educativa que se asocia a postulados empresariales asociados con el producto y la ganancia, y repensar los procesos que recuperen el valor pedagógico de las acciones y su relación con los cambios sociales del entorno. Es decir, una administración educativa más apegada a la realidad y misión de la escuela y las instituciones educativas. De igual manera, que comprenda que las organizaciones educativas se ven inmersas en un mundo globalizado y cambiante, que ya no pueden ser vistas en su simplicidad e individualidad, sino que son parte de un sistema social complejo.

La administración educativa debe comprenderse como la capacidad de articular de manera eficiente y eficaz los recursos, las estrategias, la estructura, la organización y el funcionamiento de una institución para lograr los objetivos que se proponga. Desde este enfoque, debe colocarse en un lugar preponderante de los sistemas educativos.

Alfonso Torres

torresama@yahoo.com.mx


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