La escuela como territorio

  • Apuntes pedagógicos
  • Alfonso Torres Hernández

Hidalgo /

Pensar la escuela desde otros ángulos es posible. La narrativa político-pedagógico que actualmente se construye, así lo exige. Es menester trascender las posturas que miran y piensan a la escuela como un espacio simple de enseñanza y aprendizaje. La escuela no sólo es el espacio físico, la escuela es territorio donde se constituyen identidades, relaciones, significados y sentidos. Comprender la escuela desde estos sentidos nos permite reconocerla en su dinamismo y criticidad. En la escuela se interpela y cuestiona la realidad social, se coloca en el centro del escrutinio las relaciones de poder, el conocimiento y las desigualdades sociales. La escuela como territorio se dimensiona desde lo político, lo social, lo económico y lo cultural; se visibiliza lo que invisibiliza la tradición pedagógica. Se reconoce la diversidad y se promueve el sentido de comunalidad y pertenencia.

Pensar la escuela como territorio significa distanciarse del modelo hegemónico en educación, dominados por las lógicas de mercado que cosifican lo social. En la escuela se generan nuevas subjetividades y el ámbito de la particularidad y singularidad es el referente y punto de partida para su transformación. La escuela como territorio atiende la exclusión, asociada al derecho inalienable a la educación. Se intenta entonces, desde estas premisas, a desvanecer la reproducción y perpetuación de las desigualdades sociales.

La escuela como territorio se inscribe en la comunidad y es participante-colaboradora para el desarrollo comunitario. El diálogo de saberes y la construcción de redes de apoyo son dispositivos que la escuela promueve. En este tenor, enfrenta desafíos que tiene que atender. Uno de ellos es la ruptura con el sentido y tradición conservadora de su rol. La escuela tiene que ser protagonista en el debate público y político para construir una sociedad más democrática, justa y equitativa. En el plano de lo cotidiano, debe articular sus prácticas pedagógicas con las nuevas narrativas sociales (inclusión, diversidad, equidad, democracia, justicia, interculturalidad, criticidad), así como promover una práctica docente problematizadora, con sentido crítico y contextualizada. Se tiene que abrir hacia otras pedagogías (de amor, de la ternura, de la pregunta, de la diferencia, de la inclusión) que le permita situar mejor su acción educativa y configurar una relación armónica con el entorno social.

Finalmente, la escuela como territorio debe ampliar sus posibilidades de acción, más allá del aula, y encontrar en los espacios social-comunitarios el sentido de lo común, como un dispositivo para estrechar el vínculo escuela-sociedad. Debe constituirse como organizadora social, que construye, deconstruye y reconstruye permanentemente su espacio social, donde el aprendizaje que se procura tiene un valor, sentido y significatividad para los habitantes del territorio.


Más opiniones
MÁS DEL AUTOR

LAS MÁS VISTAS

¿Ya tienes cuenta? Inicia sesión aquí.

Crea tu cuenta ¡GRATIS! para seguir leyendo

No te cuesta nada, únete al periodismo con carácter.

Hola, todavía no has validado tu correo electrónico

Para continuar leyendo da click en continuar.

Suscríbete al
periodismo con carácter y continua leyendo sin límite