La ilustración en el México independiente

  • Apuntes pedagógicos
  • Alfonso Torres Hernández

Hidalgo /
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Durante la guerra de Independencia de México, se instaló el Congreso de Chilpancingo en septiembre de 1814 impulsado por José María Morelos y Pavón. Derivado de ello se proclamó la Constitución de Apatzingán el 22 de octubre de 1814 (aunque nunca entro en vigor) donde se expresaba el sentido de libertad al que aspiraba el pueblo de México. En su artículo 39, se establecía “La ilustración, como necesaria a todos los ciudadanos, debe ser favorecida por la sociedad con todo su poder”. La expresión significó, años más tarde así se reconoció, como un antecedente para pensar en una educación libre y democrática.

Al consumarse la Independencia en 1821, México se vio obligado a repensar y reconstruir sus estructuras políticas, sociales y culturales, particularmente en lo referente a la educación, había heredado de los tres siglos de época colonial un sistema educativo desigual, elitista y fuertemente dominado por la Iglesia católica. Se buscaba entonces que la educación se constituyera en un dispositivo para la identidad nacional, la formación de ciudadanos críticos y comprometidos en la reconstrucción nacional. Esto significaba avanzar en la consolidación de una enseñanza libre, laica y democrática. La idea de libertad provenía de las ideas de la Ilustración que planteaba la educación como un proceso autónomo y distante de estructuras autoritarias o dogmáticas.

En este proceso de reconstrucción nacional es como emergen dos poderosas corrientes en relación a la identidad nacional: la hispanizante, que promovía guardar fidelidad a las creencias y estructuras de la colonia y tender al progreso material con referencia a Norteamérica; y la norteamericana-europeizante, que promovía una nación al modo de Norteamérica y cimentada en los postulados de la Ilustración y revolución francesa orientada por las ideas de libertad. Las corrientes se identificaron como conservadora y liberal, respectivamente. (Castillo, 2007)

La idea de emancipación de la educación respecto al control eclesiástico y elitista que se tenía desde la Colonia tuvo en los pensadores afines a la corriente liberal un gran apoyo. Uno de ellos, el Dr. José María Luis Mora, reconocido como el pensador más importante y radical del liberalismo mexicano de la primera mitad del siglo XIX, impulsó espacios de aprendizaje donde se promovía el pensamiento crítico y la participación para formar ciudadanos capaces de cuestionar, transformar y contribuir al desarrollo del México independiente.

Mora decía “Uno de los grandes bienes de los gobiernos libres es la libertad que tiene todo ciudadano para cultivar su entendimiento. En el sistema republicano, más que en los otros, es de necesidad absoluta proteger y fomentar la educación; éste requiere para subsistir mejores y más puras costumbres, y es más perfecto cuando los ciudadanos poseen en alto grado todas las virtudes morales; así el interés general exige que leyes sabias remuevan los obstáculos que impiden la circulación de las luces”. (www.biblioteca-antologica.org).


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