Permite la comprensión epistemológica, teórica y metodológica de la narrativa pedagógica
Una de las virtudes que desarrolla un maestro en su trayectoria profesional es tener una mirada pedagógica ante los acontecimientos educativos. Poseer una mirada pedagógica significa tener sensibilidad ante las situaciones problemáticas que se nos presentan. Significa la posibilidad de una comprensión mayor de la tarea docente en todas sus dimensiones e implicaciones. Significa “dar sentido” a lo educativo y generar conciencia de la realidad que se vive. Una mirada pedagógica nos sitúa en el terreno de la innovación, el cambio y la transformación, porque nos permite un cuestionamiento permanente de la realidad y la búsqueda de alternativas para un tránsito en nuestras percepciones y concepciones. Una mirada pedagógica rompe con parámetros, sentidos y significados que nos atan a narrativas discursivas que no embonan con la realidad que vivimos.
Una mirada pedagógica coloca a la docencia en un lugar de insubordinación ante los parámetros de política educativa y curriculares que le imponen “desde arriba” y desencadena posicionamientos distintos ante procesos cíclicos y sedimentados en la tradición. Una mirada pedagógica ofrece claridad entonces, en el posicionamiento político-pedagógico que adquieren las maestras y maestros frente a el cambio curricular. Les permite la comprensión epistemológica, teórica y metodológica de la narrativa pedagógica que se propone y construye. Les da elementos para dejar de ser espectadores en el campo educativo y desarrollar un papel más preponderante. Una mirada pedagógica genera conciencia histórica y da sentido al papel del docente en la sociedad. Su tarea entonces trasciende el proceso de enseñanza escolar para proyectarse en un sentido social.
Un docente con mirada pedagógica se desenvuelve en el campo problemático de su práctica, la problematiza, contextualiza y conceptualiza para encontrar la esencia de la articulación de los contenidos escolares con el entorno de realidad que corresponde. Desarrolla una praxis educativa y al tiempo que la desarrolla se constituye con un sujeto pensante y crítico de su tarea. Advierte su entorno como un campo de posibilidades para la enseñanza y aprendizaje, y cada situación la convierte en ángulos de razonabilidad y comprensión. En cada momento construye pensamiento y abre camino para “hacer escuela”.
Una mirada pedagógica nos ayuda a organizar nuestro pensamiento. Nos posibilita estructurar nuestra intervención pedagógica-didáctica de manera distinta, donde la construcción de la realidad social y el conocimiento aparecen de manera más nítida. La imaginación y creatividad se constituyen en capacidades y dispositivos para generar enseñanzas con sentido y aprendizajes significativos. Las maestras y maestros entonces encuentran eco a sus necesidades y los sitúa en el terreno de la autonomía, vista como la capacidad para tomar decisiones pedagógicas pertinentes en relación al qué, para qué y cómo enseñar, pensando siempre que su labor forja un determinado tipo de hombre y escuela, y no sólo se limita a la enseñanza simple de contenidos escolares.
Finalmente, una mirada pedagógica nos genera compromiso y responsabilidad ante lo educativo. Nos sitúa en reconocer la particularidad de la función docente y lo que le corresponde en el concierto de construcción de una sociedad más justa y democrática. Nos hace reconocer a la educación como una relación entre seres humanos, entre personas. Le da sentido a la escuela, al currículum. Y de manera especial, le da sentido a la relación pedagógica que tenemos con nuestros alumnos..
torresama@yahoo.com.mx