La lectura crítica de la realidad constituye una premisa para transitar hacia la transformación educativa. En esta lectura se pone en juego el saber pedagógico construido en la experiencia de cada docente. La mirada y reflexión sobre la práctica y el contexto se configura como un ejercicio de articulación entre el pensamiento y la práctica cotidiana. El pensamiento se alimenta de estos ejercicios de reflexión, además de la revisión de planteamientos teóricos y la comunicación dialógica con los otros. Así, el pensamiento se conforma como el orientador de la práctica, le ofrece una mayor comprensión y explicación de lo que se hace y por qué se hace. Bajo estos supuestos, los espacios instituidos de Taller de intensivo y Consejo Técnico en las escuelas, aparecen como dispositivos propicios para la comunicación dialógica de la práctica docente. Es decir, es un espacio para el desarrollo del pensamiento.
El fundamento filosófico, político y pedagógico de la Nueva Escuela Mexicana (NEM) se juega en el terreno de la teoría crítica. Un planteamiento teórico diferente a los enfoques fundados en la racionalidad técnica. Desde esta lógica, las maestras y maestros tendrían que acercarse y apropiarse de fundamentos, posicionamientos y estrategias que respondan al paradigma crítico. Esto sería un punto de partida para el desarrollo del pensamiento.
Han pasado cuatro años desde que el modelo curricular se depositó en manos de los docentes, primero, durante 18 meses para familiarizarse en su fundamento y estructura; después para llevarlo a la práctica. Es un buen momento para preguntarse: ¿se ha logrado la apropiación del fundamento?, ¿hay una comprensión clara sobre la intención pedagógica del modelo?, ¿hay conocimiento claro de las estructura curricular y dispositivos pedagógico-didácticos para su concreción?, ¿existe vinculación clara entre el programa sintético, programa analítico y el perfil de egreso?. Entre otras interrogantes, lo que en realidad apunto es cuestionar la existencia de una articulación entre el pensamiento y la acción pedagógica.
Transitar hacia la transformación educativa, nos exige articulación, entre el pensamiento y la acción, entre la teoría y la práctica, entre el discurso y los hechos. Es momento de pensar en ello y desarrollarlo. Los espacios formativos (cursos, talleres, diplomados, conferencias, etc.), además de las reuniones colegiadas (Consejo Técnico, por grado, por escuela, por zona) son lugares para alimentar el pensamiento, pero pierden sentido si sólo se queda en ello y no encuentra puntos de articulación con la acción pedagógica. No tiene sentido si cada mes se regresa la colegiado como si todo fuera nuevo. El desarrollo del pensamiento solo cobra sentido y vida en la práctica, en un juego dialéctico, no lo olvidemos.