Nos encontramos en la temporada de informes. Senadoras, senadores, diputadas y diputados recorren sus territorios para comunicar el trabajo realizado. En su momento lo hará la Presidencia de la República, las gubernaturas y las presidencias municipales quienes al igual, presentarán sus respectivos informes. Y aunque en algunos casos, coincidan en el calendario, no significan lo mismo.
Por ello debo mencionar que un informe de gobierno corresponde al Poder Ejecutivo (sea federal estatal o municipal). Ya que, quienes gobiernan deben explicar el estado que guarda su administración: cómo ejercieron los recursos públicos, qué decisiones tomaron, qué resultados obtuvieron y cuáles son los pendientes. Gobernar implica ejecutar las leyes, administrar recursos y convertir las normas en políticas, servicios y acciones públicas.
Por otro lado, un informe legislativo tiene otra naturaleza. Las y los legisladores no gobiernan ni administran el presupuesto como el Ejecutivo. Su responsabilidad es representar, legislar, aprobar presupuestos y vigilar el ejercicio del poder público. Las senadurías representan a las entidades federativas en la Cámara Alta; las diputaciones representan a la población de los distritos electorales y, mediante la representación proporcional, también expresan la pluralidad política del país.
Por ello, un informe legislativo busca y debe explicar qué iniciativas presentó cada representante popular, cómo votó, qué causas defendió, qué acuerdos impulsó y de qué manera su trabajo beneficia —o afecta— a la sociedad.
Ya que, en una democracia representativa, quienes reciben el voto, reciben la responsabilidad de representar a la ciudadanía, y mantener una cercanía, para poder defender las causas y necesidades sociales.
También debemos tener claro algo esencial: los gobiernos no son partidos políticos. Una persona puede llegar al cargo postulada por un partido, pero, una vez electa, su responsabilidad es servir a toda la población, sin distinciones. De igual forma, senadoras, senadores, diputadas y diputados representan a la ciudadanía, no solamente a quienes votaron por ellos.
¿Por qué es importante escuchar sus informes?
Porque las leyes impactan la vida de todas y todos: determinan derechos, obligaciones, presupuestos, instituciones y políticas públicas. Conocer el trabajo legislativo permite evaluar si nuestras representaciones cumplen, defienden las necesidades de la población y actúan conforme a lo que prometieron.
La democracia no termina en las urnas. También se ejerce cuando conocemos qué hacen quienes nos representan y les recordamos que todo poder público tiene una obligación permanente: informar, explicar y responder ante la ciudadanía.
Como sociedad debemos escuchar y conocer los informes, así como cuestionar, comparar, preguntar y exigir resultados. Porque la rendición de cuentas adquiere sentido cuando existe una ciudadanía atenta, crítica y participativa.