En democracia, cada voto cuenta. Pero para los partidos políticos también define su permanencia en la competencia electoral. La pregunta parece sencilla: ¿cuántos votos necesita un partido político local para conservar su registro?
La respuesta es concreta: al menos el 3% de la votación válida emitida en alguna de las elecciones correspondientes. En el ámbito local, esto significa que no necesita alcanzar ese porcentaje en todas las elecciones celebradas. Si obtiene el umbral exigido en la elección de diputaciones o en la de ayuntamientos, puede conservar su registro, conforme a las reglas aplicables.
La precisión importa porque una interpretación equivocada puede llevar a pensar que el 3% debe alcanzarse simultáneamente en diputaciones y ayuntamientos. No es así. La ley utiliza la expresión “en alguna de las elecciones”, y esa palabra cambia el sentido de la regla: basta con superar el umbral en una de ellas.
Ahora bien, ¿qué debe entenderse por votación válida emitida? Para determinar la conservación del registro, se parte de la votación total y se restan los votos nulos y los emitidos a favor de candidaturas no registradas. Los votos de las candidaturas independientes sí forman parte de esa base. Así lo ha sostenido la Sala Superior del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación.
También conviene evitar otra confusión. La votación utilizada para conservar el registro no necesariamente es la misma que sirve para asignar diputaciones de representación proporcional o distribuir financiamiento público. Son cálculos con finalidades distintas y, por ello, sus bases legales también pueden ser diferentes.
¿Por qué existe un umbral mínimo? Porque los partidos políticos son entidades de interés público y reciben prerrogativas para cumplir funciones de representación, participación y formación cívica. Conservar el registro supone demostrar un respaldo ciudadano mínimo; perderlo significa dejar de contar con los derechos y prerrogativas vinculados a esa calidad.
Esto también obliga a los partidos a mantener una relación permanente con la sociedad. El respaldo ciudadano no puede buscarse solo en campaña: debe construirse con propuestas, rendición de cuentas y representación auténtica.
El 3% no es solo una cifra. Es la frontera entre permanecer o salir del sistema de partidos, pero, sobre todo, es una expresión de la voluntad ciudadana. Al final, no son las dirigencias ni las autoridades electorales quienes deciden qué fuerzas políticas permanecen: lo decide la ciudadanía con su voto.