Debió ser por medio de Isaac Asimov o Umberto Eco, pero la historia que leí en primera instancia sobre Androclo y el león difiere un poco de la más ampliamente difundida, aunque el consenso otorga autoría a Apión, por allá del año I después de Cristo. Un esclavo romano escapa y en su fuga encuentra un felino en apuros. Le ayuda a extraer una espina y hacen confianza. El hombre es recapturado, la fiera llevada al circo. Soltado a matar en la arena, el león reconoce al hombre echado al ruedo, se resiste a atacarlo y ambos son liberados.
La fascinación por los felinos tiene larga data. Entre los restos de fauna hallados en el Templo Mayor de Ciudad de México había cráneos de especies grandes. Jaguares hay desde Sudamérica hasta Estados Unidos y pumas incluso desde la Patagonia. Hace apenas unos días, una ONG dio a conocer que los muros fronterizos están afectando el tránsito natural de migración de algunas especies, como esas fieras, de México a Nuevo México y Arizona. Tampoco son raros en California.
El hallazgo recurrente de tigres en México tiene que ver con otro asunto. Son ejemplares comprados de forma ilegal, sea en “santuarios” o zoológicos aquí mismo, o traficados de Asia, su hábitat natural, para beneplácito de gente con muchos recursos, sean obtenidos de forma lícita o sean capos del crimen que, a la manera de monarcas del pasado, encuentran satisfactorio la posesión de animales que están en la cabeza de la cadena alimenticia en sus ámbitos normales, como las sabanas africanas en el caso de los leones.
A últimas fechas se han multiplicado los hallazgos de tigres, uno porque se escapó de una reserva mexiquense, pero otros porque salen de predios privados. Algunos más son hallados en mansiones durante operaciones policiacas, porque, como decíamos antes, los miran como símbolos de poder. Hace unos días, el colmo, un conductor llevaba un pequeño cachorro mientras circulaba como si nada en calles de Iztapalapa.
Años atrás, en la lejana China me enteraron de que algunas entradas de edificios o viviendas tienen un león en cada costado por la creencia ancestral de que defienden la plaza de los demonios. Así que desde los tiempos de Androclo abundan testimonios del interés humano por estas fieras.