Gobierno científico

Ciudad de México /
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La hoja curricular de la doctora Claudia Sheinbaum hizo pensar a muchos que formaría un gobierno científico. No en el sentido de llenar el gabinete de expertos en ciencias exactas, sino en el sentido que lo planteaba Bertrand Russell, es decir, según los resultados determinados que puede producir: cuanto mayor sea el número de metas que proyecte y logre, tanto más científico será.

Ese proyecto, si estuvo en la mente de la Presidenta cuando se supo candidata y después triunfadora, se diluyó en cuanto se le atravesó la realidad: primero complacer los encargos del mentor y benefactor, después pagar favores de quienes pusieron su cuerno para la campaña (y los que se sumaron a la cargada con su aspiración) y luego descubrir que entre los camaradas no abundaban precisamente mentes brillantes.

Lo que debió ser un nuevo proyecto de gobierno, sin desvirtuar la lógica de los programas sociales, empezó, empero, con la obligación de cumplir con un montón de compromisos para no incomodar al jefe máximo, entre otros, continuar con la conferencia mañanera, que funcionaba de maravilla para su creador, pero no representa ventaja alguna para su heredera y sí es un caldo de cultivo de problemas que suelen dar lugar al equívoco, cuando no al error y al aprieto cotidiano. La expone.

Conformar un gobierno científico, en el sentido russelliano, se topa con reparto de cuotas, asambleísmo, camarillas y disputa de jirones de grupos como los de Tabasco, Sinaloa o Chiapas, porque se cultivan con éxito en cualquier suelo. Hasta el segundo año por cumplirse, Sheinbaum ha debido enfrentar todo eso, además de lidiar con su exjefe y con el presidente estadunidense, escenario insólito y desafiante que no enfrentó ninguno de sus antecesores.

La marginación de Adán Augusto López del Senado, la declaración de que el retiro de visas es una cuestión de Estado y no personal a partir del caso Andy, la descalificación de Rubén Rocha por la 4T en pleno y la separación de Enrique Inzunza de la bancada en Reforma e Insurgentes, incómodo el personaje ya para los suyos, hacen pensar que la mandataria comienza a pintar su raya.

Ella debe saber que conforme aumenten los conocimientos, sobrarán personajes impuestos, tipo Alejandro Encinas.


  • Alfredo Campos Villeda
  • Director de @Milenio Diario. Autor de #Fusilerías y de los libros #SeptiembreLetal y #VariantesdelCrepúsculo. Lector en cuatro lenguas. / Escribe todos los viernes su columna Fusilerías
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