En una entrevista con Javier Alatorre, Carlos Fuentes hablaba desde su estudio de un hábito que retomó de Alfonso Reyes, quien a su vez lo había adoptado de Goethe: levantarse temprano para escribir un par de horas y, así, tener el resto del día para otras actividades, que en el caso del genio alemán pasaba por andar en la grilla en la Corte de Weimar y cortejar muchachitas, entre otras aficiones.
En Goethe y el despojo (FCE, 2024), Armando Bartra nos cuenta que la muerte de Byron en 1824 impulsa al autor a terminar su Fausto, dado que veía en el héroe romántico inglés no sólo a un contemporáneo, sino además a alguien que “vivía apasionadamente el momento” y “nunca se había sometido a nadie ni acatado ley alguna”, impulso que le permite reanudar la escritura del poema dramático.
El legendario Fausto, dice Bartra, era parte del repertorio cultural alemán y, con el tiempo, un personaje proveniente de las profundidades medievales del imaginario centroeuropeo que va adquiriendo rasgos de héroe moderno y el pecador de una sola pieza, así, se convierte en un carácter ambivalente, en un yo desgarrado.
La grandeza de Goethe era tal que el propio Beethoven imploraba a Bettina, ese personaje que desde su radiante juventud deambulaba entre ambos monstruos, que se lo acercara, como consta en el amplio ensayo de Romain Rolland, premio Nobel de Literatura, sobre el episodio.
“¡Háblale de mí a Goethe! ¡Dile que debe oír mis sinfonías! Entonces me concederá que la música es la entrada única e inmaterial en un mundo más alto del saber, mundo que envuelve al hombre sin que éste pueda poseerlo… Lo que de ella percibe el espíritu por medio de los sentidos es una revelación espiritual encarnada… Escribe a Goethe acerca de mí, si es que me comprendes… También yo quiero, con todo mi corazón, que me instruya”, cita Rolland al músico.
Bettina, veinteañera hija de una mujer a la que amó Goethe en su juventud (entonces en sus setenta), le pertenecerá al poeta hasta su muerte, dice el Nobel francés en su libro Goethe-Beethoven (Ediciones Orbis).