Tiene razón Thomas Meyer cuando defiende el planteamiento de Hannah Arendt (1906-1975) en el sentido de que las ideas y las tesis no pertenecen al asfixiante espacio de la teoría, sino que deben demostrar su validez en cada época concreta. Por eso, nos recuerda, no en vano a menudo se ha recurrido a las reflexiones de la filósofa de Hannover para tratar de entender la caída del Muro de Berlín, los ataques terroristas del 11S, la elección de Donald Trump y la invasión de Rusia a Ucrania.
Arendt fue llevada a los cinco años a Königsberg, esa ciudad de la que jamás salió un filósofo de otro siglo, Immanuel Kant, pero debió huir a París, después a Lisboa y al final a Nueva York por la persecución nazi durante la Segunda Guerra Mundial. Su obra está basada en esa experiencia, de la que desprendía todo proceso de pensamiento y que la llevó a aportar conceptos que hoy son fundamentales en el análisis histórico y político, sobre todo del siglo XX, como “los orígenes del totalitarismo” y “la banalidad del mal”.
En su biografía esencial Hannah Arendt: la filósofa que anticipó los debates de nuestro tiempo (Paidós, 2026), el autor nos cuenta que la pensadora se doctoró en 1929, imagine usted, con Karl Jaspers como director de tesis, y pasó al activismo hasta su arresto y posterior huida en los años 30, por lo que retomó el trabajo teórico a su llegada a Estados Unidos, donde vivió hasta su muerte por un infarto.
Su análisis sobre el Holocausto le ganó enemistades aun judías y no se diga su cobertura para The New Yorker del juicio a Adolf Eichmann, el cerebro de la “solución final”, capturado en Argentina en 1960 y ejecutado dos años después en Jerusalén. Clasificó los campos de concentración y exterminio en Hades, para refugiados y apátridas; Purgatorio, como los gulags de la Unión Soviética, e Infierno, que en el sentido más literal fueron Auschwitz-Birkenau y otros destinos “donde se trataba a las personas como si nunca hubieran existido”.
Siguiendo las enseñanzas de Arendt, trasladadas al análisis contemporáneo, me pregunto en cuál de esas casillas entra Gaza.