En otras entregas, en aquellos días de la lucha por la candidatura presidencial de Morena, se habló aquí del sino que marcaba a Marcelo Ebrard, a quien, así como se le abrían oportunidades, la fatalidad se las cerraba más adelante. Así pasó cuando fracasó el proyecto político de su padrino, Manuel Camacho Solís, y cuando quiso dirigir el PRD y después cuando aspiró a suceder a Andrés Manuel López Obrador. No es que le haya ido mal, vamos, pues ha sido senador, gobernante y secretario de Estado. Pero ni hablar de algo más.
Pasa lo contrario con Claudia Sheinbaum, quien fue superando obstáculos de no poca relevancia hasta llegar a Palacio Nacional. Por lo menos hay tres de relativa actualidad: el derrumbe de una escuela en el sismo de 2017 en la entonces delegación Tlalpan, hoy alcaldía, que ella encabezó; el accidente de la Línea 12 del Metro, que involucró a Ebrard en tanto jefe de Gobierno cuando se construyó, pero que le tocó a ella al frente de la autoridad capitalina, y ahora el descarrilamiento del Tren Interoceánico.
Bien puede argumentarse que ella no daba personalmente los permisos para la ampliación irregular del colegio siniestrado con el temblor y que a ella tampoco le correspondió supervisar los trabajos de la vía del Metro colapsada a la altura de Tláhuac. Menos aún estar al tanto de una construcción en forma del tren de la desgracia actual o de su mantenimiento, hoy a cargo de la Marina. El hecho, en resumen, es que hasta ahora los dos primeros eventos no la afectaron ni un ápice en sus aspiraciones.
Quién sabe qué pueda pasar esta vez. La Presidenta mantiene niveles altos de aceptación no solo por los apoyos sociales, que heredó del gobierno anterior y aseguran a la fecha unos 30 millones de votos, sino por el inteligente manejo que tuvo frente a la crisis generada por la inestabilidad de Donald Trump, quien usa a México de punching bag cada que se le atora algún problema doméstico, sobre todo uno que se llama Jeffrey y se apellida Epstein.
Frente a un escenario que no pinta distinto hacia EU, el Mundial y después la proximidad de la elección intermedia, sobra decir que resultará decisiva la reacción de la población frente al caso del tren en Oaxaca.