Nota roja: realidad y percepción

Ciudad de México /

Solían ser las fuentes policiaca y religiosa las de castigo, como he contado antes y como saben mis contemporáneos. La nota roja acaparaba la atención del lector general, no solo de esa mayoría aficionada a la sangre y el crimen, cuando los casos impactaban a la sociedad por su crudeza o por la relevancia de las víctimas o los victimarios, como el de las Poquianchis o el del sujeto que mató a sus abuelos, él político, ella novelista.

Sin embargo, en los años 90 la fuente policiaca invadió la política, y no volvió a salir de ahí, con los homicidios del cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo, primero, y después con los de Luis Donaldo Colosio y José Francisco Ruiz Massieu. La campaña militar para enfrentar el levantamiento zapatista no fue menor y si antes era extraño el reportero estrella que se asomaba a lo policiaco, como Vicente Leñero, después fue todo un desfile de figuras cubriendo esos episodios.

Lo mismo pasó con los medios. Habiendo antaño publicaciones especializadas, que privilegiaban el amarillismo sobre la información comprobada, tipo Alarma, hoy la mayoría dedica espacios generosos para el tema de la inseguridad, habida cuenta no nada más del gran interés que genera de forma natural, sino por la conexión que el delito tiene con las más variadas áreas del acontecer nacional.

Los impresos vespertinos desaparecieron con el auge del internet y las plataformas digitales, con lo que no solo se perdió un medio típico del siglo XX, sino una singular escuela de cabeceo de periódicos, fuera el Ovaciones de la tarde, la Extra de Excélsior o El Gráfico de El Universal. 

La realidad, nuestra violenta realidad, tomó por asalto a los medios, sin importar su giro principal, y se impuso como nota diaria. ¿Cuánta impunidad más puede soportar este país, donde se castiga apenas 2 o 3 por ciento de los crímenes, de faltar esa información en el debate público? Porque hoy la jefa de Gobierno nos pide un pacto para bajarle a la información de nota roja, pero, mire usted, con el fin de mejorar los niveles de percepción de inseguridad.

Hay que decir no al amarillismo, sin duda, pero la información sobre violencia solo saldrá de las primeras planas cuando sus índices bajen, los reales, no los de percepción.


  • Alfredo Campos Villeda
  • Director de @Milenio Diario. Autor de #Fusilerías y de los libros #SeptiembreLetal y #VariantesdelCrepúsculo. Lector en cuatro lenguas. / Escribe todos los viernes su columna Fusilerías
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