Fusilerías

Dos antologías de poesía francesa

Alfredo C. Villeda

Revisitando algunos rastros de Napoleón, al paso del bicentenario de su muerte, atisbo en mi biblioteca un par de antologías de poesía francesa cuyos compiladores y prologuistas, en la búsqueda de la más alta representación del género en esa lengua, se tornan severos jueces que retratan épocas de sequía y limitada producción.

Dice Carlos Pujol, por ejemplo, en su antología Poetas románticos franceses (RBA Editores, 1994), que esa corriente se abre y se cierra con dos grandes éxitos a cual más sonado Meditaciones poéticas, de Lamartine, y el entierro fastuoso de Victor Hugo. “Hay en medio 68 años que no dieron ninguna obra realmente definitiva, porque las Memorias de ultratumba de Chateaubriand pertenecen a la prosa y Las flores del mal, de Baudelaire, ya no son romanticismo”. Los demás libros franceses de ese periodo que todavía perduran, escribe, son novelas de Balzac, Stendhal y Flaubert.

Sin embargo, los nombres de los poetas antologados son de monstruos de la literatura: Lamartine, Victor Hugo, Vigny, Nerval, Gautier y Musset, una generación que se lanzaba flores y ataques con igual pasión, siempre bajo la sombra de la monarquía protectora. Hugo decide a los 14 años ser “Chateaubriand o nada” y Nerval decía que “el gran Victor”, como lo llamó Rubén Darío, era “el verso en persona”.

Jean-François Revel, a su vez, es categórico en el arranque de su obra Une Anthologie de la Poésie Francaise (Robert Laffon-Bouquins, 1984): “Hay muy poco de los grandes poetas. Y la mayoría de grandes poetas han escrito muy pocos bellos poemas. El genio poético no solo es raro, sino que se manifiesta rara vez en aquellos que lo poseen”.

Como excepciones a su regla, cita a Villon y a Baudelaire, pero vea usted a los que incluye en esta antología a la que llama, en su sentido literal, un florilegio: Apollinaire, Arvers, Bonnefoy, Breton, Char, Chénier, Desnos, Éluard, De la Fontaine, Maeterlinck, Mallarmé, Molière, Prévert, Rimbaud, Ronsard, Valéry y Verlaine, entre un puñado más.


Alfredo Campos Villeda

@acvilleda

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