Autoliderazgo

Tamaulipas /

Durante muchos años nos acostumbramos a esperar instrucciones, condiciones ideales o validaciones externas para avanzar. Sin embargo, los contextos actuales, personales, educativos y organizacionales, exigen algo distinto. La capacidad de liderarnos a nosotros mismos antes de pretender influir en otros.

El autoliderazgo comienza cuando una persona se reconoce como protagonista de su propio desarrollo. Implica asumir responsabilidad sobre las decisiones cotidianas, las conductas que se repiten y los resultados que se obtienen. No desde la culpa, sino desde la conciencia. Liderarse no es controlarlo todo, es hacerse cargo de lo que sí depende de uno.

Desde la neurociencia sabemos que el cerebro se modifica a partir de la experiencia. La neuroplasticidad explica cómo las decisiones conscientes, la repetición de prácticas y la retroalimentación efectiva fortalecen nuevas rutas neuronales. Por eso, el autoliderazgo no es un acto aislado de fuerza de voluntad, sino un proceso de entrenamiento interno, constante y deliberado.

Cada elección cotidiana como lo es organizar el tiempo, regular las emociones, sostener la disciplina y aprender de los errores va moldeando la manera en que pensamos y actuamos. Así se construyen hábitos. Y los hábitos, con el tiempo, definen la calidad del liderazgo personal y profesional.

En las instituciones educativas y en las organizaciones, el autoliderazgo es un factor clave para el desarrollo de equipos sólidos. Las personas que se lideran a sí mismas no esperan ser empujadas. Comprenden su responsabilidad dentro del sistema, toman decisiones informadas y actúan con mayor compromiso. Cuando esto ocurre, el liderazgo deja de depender únicamente de una figura y se convierte en una cultura compartida.

Autoliderarse también implica incomodarse. Significa dejar de justificar, de postergar o de responsabilizar al entorno. Supone revisar creencias, modificar conductas y aceptar que el cambio comienza por uno mismo.

El verdadero liderazgo no inicia con autoridad ni con cargo. Comienza en silencio, en la forma en que una persona se habla, se organiza y se sostiene a diario. Cuando el autoliderazgo se cultiva, el impacto se vuelve inevitable. Como bien lo expresa Warren Bennis, “convertirse en líder es, en esencia, convertirse en uno mismo”.


  • Alicia Ivette Sierra Sosa
  • alicia.sierra@mailune.mx
  • Directora de Liderazgo Académico de la Universidad del Noreste Lic. Filosofía y Letras Máster en Gestión Universitaria Máster en Dirección de Instituciones Educativas
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