Avanzar con claridad

Tamaulipas /
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Cerrar ciclos no siempre significa que algo salió mal. A veces significa que hemos tenido la claridad suficiente para reconocer que una etapa cumplió su propósito y la firmeza necesaria para no permanecer en un lugar únicamente porque alguna vez fue importante.

En el liderazgo, como en las relaciones personales, existe una tendencia a asociar la permanencia con el compromiso. Sin embargo, permanecer no siempre es construir. Hay proyectos, decisiones, dinámicas e incluso vínculos que llegan a un punto en el que necesitan transformarse o terminar. Reconocerlo requiere madurez.

Pero quizá lo más importante no sea solamente saber cerrar, sino desde dónde lo hacemos. Cuando un ciclo termina desde el resentimiento, la frustración o el enojo, corremos el riesgo de llevar esas emociones a nuestras decisiones futuras. Una mala experiencia puede convertirse, sin darnos cuenta, en desconfianza hacia nuevas personas, resistencia frente a otras oportunidades o rigidez al momento de tomar decisiones.

Cerrar desde la gratitud cambia esa perspectiva. No significa justificar lo que estuvo mal ni minimizar aquello que nos lastimó. Significa reconocer lo aprendido, asumir lo que nos corresponde y evitar que una experiencia pasada tenga más poder del que merece sobre nuestro futuro.

En las organizaciones esto es especialmente importante. Los líderes toman decisiones que impactan equipos y culturas completas. Si permiten que conflictos anteriores, decepciones o experiencias negativas permeen su manera de relacionarse con quienes llegan después, pueden terminar construyendo barreras donde debería existir confianza.

Un colaborador nuevo no tendría que cargar con los errores de quien estuvo antes. Un equipo no debería trabajar bajo reglas construidas únicamente desde experiencias negativas del pasado. Liderar también significa tener la capacidad emocional para distinguir una historia de otra y ofrecer a cada persona y a cada circunstancia la oportunidad de ser evaluada por lo que realmente es.

Lo mismo sucede en nuestras relaciones personales. Cerrar bien nos permite avanzar sin convertir una decepción en una forma permanente de relacionarnos. Podemos aprender a poner mejores límites sin levantar muros, ser más cuidadosos sin volvernos desconfiados y tomar decisiones con mayor conciencia sin perder la capacidad de volver a creer.

La firmeza y la sensibilidad no son opuestas.

Tal vez una de las expresiones más profundas del liderazgo sea precisamente esa, cerrar una historia sin permitir que determine las siguientes.

Porque cuando aprendemos a cerrar desde la gratitud, el pasado deja de convertirse en una carga y se transforma en experiencia. Y desde ahí es mucho más fácil construir mejores equipos, relaciones más sanas y decisiones verdaderamente libres.


  • Alicia Ivette Sierra Sosa
  • alicia.sierra@mailune.mx
  • Directora de Liderazgo Académico de la Universidad del Noreste Lic. Filosofía y Letras Máster en Gestión Universitaria Máster en Dirección de Instituciones Educativas
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