La gratitud como disciplina

Tamaulipas /
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Durante mucho tiempo pensé que agradecer era reconocer lo bueno que llegaba a nuestra vida. Dar gracias por la familia, la salud, el trabajo, los afectos y las oportunidades. Con los años comprendí que la gratitud es algo más profundo, es una manera de mirar la existencia y de relacionarnos con lo que vivimos.

Es sencillo agradecer cuando todo sucede como esperamos. Lo difícil es encontrar sentido en las experiencias que alteran nuestros planes o nos obligan a comenzar de nuevo. No se trata de agradecer el dolor ni de negar la tristeza, el miedo o el enojo, sino de reconocer que los momentos difíciles pueden mostrarnos algo que necesitamos aprender.

La gratitud no elimina los problemas, pero transforma la forma en que los enfrentamos. Nos permite descubrir que, aun en medio de la incertidumbre, existen personas, recursos y posibilidades que quizá no habíamos visto.

Vivimos con tanta prisa que dejamos de valorar lo cotidiano, la presencia de quienes amamos, una conversación sincera, la posibilidad de aprender, o la tranquilidad de regresar a casa. Aquello que se vuelve habitual puede hacerse invisible hasta que un día nos falta. Agradecer exige detenernos y mirar nuevamente lo que la costumbre nos impide reconocer.

En las organizaciones ocurre algo semejante. Cuando las personas sienten que su esfuerzo es visto y valorado, cambia su relación con el trabajo. Un agradecimiento genuino no reemplaza las condiciones laborales justas ni resuelve los conflictos, pero fortalece la confianza, el compromiso y el sentido de pertenencia al igual que en la vida cotidiana de las personas.

Por eso, la gratitud también es liderazgo. Quien dirige no solamente debe señalar lo que falta o corregir lo que puede mejorarse. También necesita reconocer los avances y hacer visible la contribución de los demás. Un líder que agradece no pierde autoridad; demuestra humildad y comprende que ningún resultado se construye en solitario.

Vivir con gratitud tampoco significa conformarnos. Podemos valorar lo que tenemos y continuar trabajando por lo que deseamos transformar. La gratitud no limita nuestras aspiraciones, pero les otorga sentido.

Tal vez disfrutar la vida consista en dejar de esperar a que todo sea perfecto para reconocer lo valioso mientras sucede. Agradecemos cuando cuidamos, compartimos, reconocemos y hacemos algo bueno con aquello que hemos recibido.

La gratitud no cambia el pasado ni controla el futuro, pero transforma nuestra manera de habitar el presente. También permite encontrar un sentido en los días difíciles. Disfrutar la vida no depende únicamente de lo que nos sucede, sino de la conciencia con la que decidimos vivirlo.


  • Alicia Ivette Sierra Sosa
  • alicia.sierra@mailune.mx
  • Directora de Liderazgo Académico de la Universidad del Noreste Lic. Filosofía y Letras Máster en Gestión Universitaria Máster en Dirección de Instituciones Educativas
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