La pedagogía de pensar

Tamaulipas /

Friedrich Nietzsche advirtió que la moral puede convertirse en una herramienta de control cuando dejamos de pensar por nosotros mismos. En educación y liderazgo, esta idea resulta especialmente incómoda, pero necesaria. Muchas veces actuamos convencidos de estar haciendo “lo correcto”, cuando en realidad solo estamos repitiendo lo aprendido sin cuestionarlo.

Desde pequeños aprendemos normas, valores y formas de comportamiento que provienen de la familia, la escuela, la religión y la cultura. Todo esto es parte de nuestra formación, pero también puede convertirse en un límite si no desarrollamos la capacidad de reflexionar. En contextos educativos, esta falta de reflexión se traduce en liderazgos que operan desde la inercia, así se ha hecho siempre, así se decide, así se corrige.

Liderar, sin embargo, no es ejecutar normas, sino ejercer criterio. Un liderazgo pedagógico implica detenerse a pensar antes de actuar, comprender el contexto y reconocer que cada decisión tiene impacto en las personas. No basta con tener buenas intenciones, es necesario preguntarse a quién beneficia una decisión, qué consecuencias tendrá y si responde realmente a los valores que decimos promover.

Vivimos rodeados de ideas que rara vez cuestionamos. Como explicaba Platón con la metáfora de la cueva, es fácil confundir las sombras con la realidad. En liderazgo educativo, esto ocurre cuando confundimos autoridad con control, orden con silencio o eficiencia con obediencia. Salir de la cueva no significa rechazar lo aprendido, sino revisarlo con honestidad.

Aquí la identidad juega un papel central. No se puede liderar con claridad si no se ha construido una identidad reflexiva. La identidad del líder se forma cuando aprende a diferenciar, a nombrar, a comprender. El lenguaje y el pensamiento crítico nacen de esa capacidad de distinguir entre lo que se repite y lo que se elige conscientemente.

Si, como planteaba Aristóteles, lo bueno es aquello que cumple su finalidad, entonces un buen liderazgo es aquel que forma personas, genera confianza y favorece el crecimiento colectivo. Para lograrlo, necesitamos educar líderes que piensen, no que obedezcan sin cuestionar.

La filosofía moral no ofrece respuestas simples, pero sí algo indispensable para la educación, la capacidad de reflexionar antes de decidir. Y quizá, en estos tiempos, el mayor acto de liderazgo que podemos ejercer.


  • Alicia Ivette Sierra Sosa
  • alicia.sierra@mailune.mx
  • Directora de Liderazgo Académico de la Universidad del Noreste Lic. Filosofía y Letras Máster en Gestión Universitaria Máster en Dirección de Instituciones Educativas
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