Liderar con valentía

Tamaulipas /

Hace unos días terminé de leer Dare to Lead, de Brené Brown, y la lectura me llevó a replantear muchas de las ideas que, durante años, hemos normalizado sobre el liderazgo en las escuelas. No desde la teoría, sino desde la práctica diaria que implica dirigir personas, acompañar procesos y tomar decisiones que impactan comunidades enteras.

Quienes ocupamos puestos directivos solemos cargar con una expectativa silenciosa pero constante, la de tener siempre la respuesta correcta, mantener el control y mostrar fortaleza en todo momento. En el ámbito educativo, esta presión se intensifica porque además se nos ve como referentes éticos y formativos. Sin embargo, liderar no significa saberlo todo ni aparentar perfección. Al contrario, muchas veces exige el valor de reconocer límites, escuchar con apertura y sostener conversaciones difíciles.

Liderar con valentía en una escuela implica crear entornos donde los docentes puedan expresarse con libertad, compartir inquietudes y aprender también del error. Implica dejar atrás el miedo a decir lo que incomoda y optar por la honestidad, aun cuando no sea lo más sencillo. Las instituciones educativas no se fortalecen con silencios prolongados, sino con diálogos claros y respetuosos.

Uno de los aprendizajes que más resonó en mí es la importancia de la claridad. Cuando un liderazgo no comunica con precisión, genera confusión, desgaste y desconfianza. En cambio, cuando se establecen expectativas claras, se da retroalimentación oportuna y se reconocen los esfuerzos, se construye confianza. La claridad no es dureza, es una forma de cuidado hacia las personas y hacia la institución.

También está la vulnerabilidad, tan mal entendida en el liderazgo tradicional. Mostrarla no significa debilidad, sino coherencia. Los estudiantes observan cómo tratamos a los equipos antes de escuchar cualquier discurso sobre valores. Cuando los docentes se sienten respetados y acompañados, las aulas se convierten en espacios de pertenencia. Y donde hay pertenencia, el aprendizaje se vuelve posible.

El liderazgo educativo no se trata de controlar, sino de construir cultura. No se trata de imponer, sino de conectar. Liderar con valentía es hacerlo desde lo humano, entendiendo que educar es, en esencia, un acto profundamente relacional.


  • Alicia Ivette Sierra Sosa
  • alicia.sierra@mailune.mx
  • Directora de Liderazgo Académico de la Universidad del Noreste Lic. Filosofía y Letras Máster en Gestión Universitaria Máster en Dirección de Instituciones Educativas
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