¡Mal! ¡Mal! ¡Mal! Todo, con Canal Once, está mal. Jamás en mi larga carrera pensé decir esto.
¿Por qué? Porque hasta hace muy poco Canal Once era sinónimo de calidad, de prestigio. Era el lugar donde todas y todos queríamos estar. Donde todas y todos queríamos crear, aportar.
Canal Once inventó muchos de los formatos que, después, Televisa se adjudicó.
Canal Once apoyó a muchas de las personalidades que, después, la iniciativa privada aprovechó.
Canal Once es, oficialmente, el primer canal educativo y cultural no sólo de México, de todo el Continente Americano.
Canal Once era el gran medio público nacional. Era.
Como que nadie le ha explicado esto y muchas otras cosas monstruosas a Claudia Sheinbaum. Como que la están engañando. Como que le están ocultando la verdad.
Yo no sé si es por una guerra de poder, por incompetencia o por ignorancia pero lo que está pasando en Canal Once hoy es una de las vergüenzas más grandes de toda la Cuarta Transformación.
En el muy remoto caso de que usted viva lejos de la Ciudad de México o de que no lo sepa porque en los últimos meses su atención giró alrededor del futbol, se lo explico rápidamente:
El Canal Once del Segundo Piso de la Cuarta Transformación no ha sido capaz de crear un solo éxito. Uno.
Vive de los muy pocos programas que se lanzaron durante la administración de AMLO y de las glorias del PRIAN.
Es muy penoso que todos los contenidos que las multitudes mencionan cuando hablan de Canal Once sean del Canal Once de antes. Del Canal Once del PAN. Del Canal Once del PRI.
Donde antes había una serie con el más maravilloso de los repartos, ahora hay una mesa chaira. Donde antes había un programa cultural, ahora hay otra mesa chaira. Donde antes había un “show” de entretenimiento, ahora hay otra mesa chaira más.
¿Cuántos de los estrenos fijos de esta administración de Canal Once no son mesas chairas? Fijos. Estrenos fijos. No la ridiculez ésa de las temporadas (que, por cierto, no duran una temporada).
¿En verdad México necesita tantas mesas chairas? ¿Hay alguna que funcione? ¿Hay alguna que dé nota? ¿Hay alguna que tenga “rating”?
¿Cuántas mesas chairas hay frente a cuantas mesas de derecha en los medios privados? ¿No es una avalancha descomunal?
¿La suma del “rating” del mejor día de todas las mesas chairas de Canal Once, juntas, le alcanzan a hacer sombra al peor día de una sola mesa de la televisión privada como, por ejemplo, “Tercer grado”?
¿Así o más obvio el problema? ¿Así o más obvio el error? Canal Once está matando a Canal Once.
Pero espérese, todavía no entramos en materia: el 26 de mayo de este año las instalaciones de Canal Once fueron tomadas por un grupo de estudiantes del IPN.
Desde entonces, las muy heroicas trabajadoras y los muy heroicos trabajadores de esa institución se la han pasado de arrimadas y de arrimados en mil y un lugares, luchando en condiciones penosísimas por cumplir con sus obligaciones.
Tal y como se lo escribí en esta columna hace algunas semanas, no quepo en mí ni de la rabia ni del dolor de ver a esas y a esos profesionales de la comunicación dando lástimas en las banquetas y provocando tantísimos conflictos en tantísimos lugares que no tienen vela en este entierro.
La toma de Canal Once es un escándalo mundial, un serio problema de seguridad nacional, una página imperdonable en la historia de la televisión mexicana.
¡Y nadie hace nada! Vamos a decirnos la verdad: porque a nadie le importa. Porque a este gobierno no le importan los medios públicos. Porque a este gobierno no le importan sus propios medios de comunicación.
Si Canal Once fuera la casa productora responsable de “La mañanera del pueblo”, que es lo único que sí les importa, esta historia de terror no hubiera durado ni 30 segundos.
Como no es responsable ni de eso ni de nada, no le importa a nadie. El conflicto ya va para dos meses. Dos meses. Dos. ¡Ni cuando TV Azteca tomó posesión de CNI Canal 40! ¿Entiende la relevancia de lo que le estoy diciendo?
Pero espérese porque se pone peor. Punto uno: ¿Qué tiene que ver lo que piden los estudiantes del Poli con Canal Once? ¿Por qué tomaron Canal Once y no Televisa Chapultepec como en los tiempos de “Yo soy 132”?
¿Alguien sabe la verdad del origen de esta historia? ¿Alguien sabe por qué tanto silencio?
Punto dos: Canal Once está tratando de resolver esto con el argumento de que si el paro se extiende, su histórica videoteca se podría perder.
Yo amo esas videotecas. Porque son varias. En plural. ¿Pero, en verdad, si los medios públicos no le interesan a nadie, usted cree que a alguien le importe la conservación de eso?
Y punto número tres: será melón, será sandía, pero mientras la programación es pésima, el canal sigue tomado y, supuestamente, la videoteca peligra, cada vez hay más reportes de decenas de trabajadoras y de trabajadores que están siendo despedidas y despedidos de las áreas técnicas de Canal Once.
Se están diciendo muchas cosas muy delicadas en las redes sociales. Muchas.
¿A usted no se le hace medianamente extraño que, mientras el canal agoniza por un lado, por el otro lo estén dejando sin gente? ¿No hay tiempo para resolver la toma de las instalaciones pero sí para correr al personal?
Aquí están pasando muchas cosas al mismo tiempo. Y todas son malas.
¡Mal! ¡Mal! ¡Mal! Todo, con Canal Once, está mal. ¿O usted qué opina?