A veces me gustaría que volviéramos a los años 2000. ¿Se acuerda?
Todos veíamos televisión en la televisión. Todos veíamos las mismas series. A todos nos gustaba lo que veíamos y, al día siguiente, todos hablábamos de lo mismo.
Era una dictadura hermosa.
Ahora, cuando alguien utiliza la palabra televisión, salimos corriendo. Nadie termina una serie completa y, si la termina, es para quejarse.
Los algoritmos, en su enfermo afán por empoderarnos, nos enseñaron a ser infelices de tiempo completo. Nos dieron a elegir tanto, que ya no elegimos nada.
Le digo esto porque la semana pasada se estrenó en Paramount+ la segunda temporada de “Dexter: Resurrection” y si estuviéramos en los años 2000, el país estaría paralizado hablando de esto.
Pero como estamos en 2026, nadie dice nada.
La distribución se volvió más importante que el contenido. Las redes mataron la conversación. La industria entera se pulverizó en un multiverso de nichos cada vez más pequeños, cada vez más invisibles.
Y si a eso usted le suma que Paramount+, en México, es una plataforma chiquita comparada con los monstruos de Netflix, Disney+ y HBO MAX, el resultado es perfecto para entender por qué hoy es tan difícil hacer crítica de televisión.
El universo de “Dexter” hoy le pertenece a un nicho. A los que nos enamoramos de ese personaje hace 20 años, cuando ver a un asesino de asesinos en televisión de paga era una revolución, un escándalo, una provocación.
Hoy, con tanta corrección política, es hasta peligroso. Suena a promoción del delito.
Entonces, ¿“Dexter: Resurrection 2” es muy mala? No. Es todo lo contrario. Es una verdadera maravilla que le da perfecta continuidad a aquella primera temporada, que era magnífica, y que a su vez honraba a la serie original.
Lo que pasa es que para gozarla de verdad usted tiene que haber visto “Dexter”. Mucho “Dexter”. Y haber visto completa la primera temporada de “Resurrection”. Y eso, en 2026, es casi, casi un acto de fe.
¡Pero qué acto de fe!
Por eso aplaudo que Paramount+ haya lanzado una campaña con Sergio Mayer haciendo “casting” para ser Dexter. Era la única manera de que “Dexter: Resurrection” se colara en la conversación nacional. Con humor, con picardía, con México.
Y es que si usted es parte de ese nicho, la nota es enorme.
Dexter sigue creciendo con nosotros. Ya no solo es padre de familia. Ahora está en plena crisis de la mediana edad. Y no, no quiere retirarse. Quiere lo que todos queremos a esta edad: reconocimiento.
Ahora que su hijo Harrison es policía (sí, leyó usted bien) Dexter ya no se conforma con matar asesinos en la oscuridad. Quiere que se le reconozca. Quiere que su hijo lo mire y diga: ¡mi padre hizo lo correcto!
¡Gran serie! Emocionante, divertida, perversa y brutalmente actual. Esta temporada habla de lo que nos está matando: la gentrificación, la inteligencia artificial, el “hate”, la necesidad de ser vistos.
Está muy bien escrita, está muy bien producida, está muy bien actuada y Michael C. Hall está inmenso. Sigue siendo el mejor Dexter posible, solo que ahora más humano, más roto, más nuestro.
La pregunta ya no es si a usted le interesa “Dexter: Resurrection 2”.
La pregunta es si usted todavía está dispuesto a interesarse por la gran televisión.
Si la respuesta es sí, luche por ver ya esta segunda temporada en Paramount+.
No es necesario regresar a los años 2000 para volver a gozar con una buena serie de televisión. ¿O usted qué opina?