En mis tiempos, en las telenovelas mexicanas, una mujer soltera que se atrevía a tener relaciones sexuales, tenía que ser castigada. Y si quedaba embarazada, más.
El embarazo antes de la boda era visto como una ofensa, como un conflicto gravísimo, monstruoso, imperdonable.
No importaba si había sido por placer. No importaba si había sido por una violación. La mujer era culpable. La mujer era mala. ¡Y tenía que pagar!
En ese contexto, hablar de la interrupción del embarazo era todavía peor.
¿Por qué? No por un tema de salud. No porque la mujer importara. ¡No! Porque eso era doble pecado: el pecado de la carne y el pecado de atentar contra la vida.
Para no hacerle el cuento largo, una mujer soltera embarazada estaba condenada a ser madre entendiendo la maternidad como un merecidísimo calvario, como una muy bien ganada maldición.
Mujer: Arrepiéntete. Mujer: Sufre. Mujer: Pide perdón. Llora. Arrástrate. Tú te lo buscaste. Asume las consecuencias.
Esa fue la educación sentimental que nutrió al pueblo de México no desde la llegada de la televisión. Desde antes. Desde el cine. Desde la radio. Desde la cultura popular.
La cúspide fue cuando las telenovelas nacionales se volvieron material de culto.
Imagínese, por favor, lo que pasaba por la mente de las niñas que miraban eso. Imagínese, por favor, lo que pasaba por la mente de las abuelas.
Por eso, entre muchas otras cosas más, hoy tenemos el México que tenemos. Por eso el patriarcado sigue haciendo de las suyas. Por eso continúan los feminicidios. ¡No es una frivolidad! ¡No es un asunto menor!
¿Por qué le estoy contando esto? Porque acaba de pasar algo histórico en “Guardián de mi vida”, el contenido más importante de TelevisaUnivision.
Barbie (Paulina Goto), una mujer joven, soltera, que por diferentes razones se va a casar con un hombre que no ama, para justificar una decisión a todas luces equivocada, inventa que está embarazada.
En uno de los capítulos que se acaban de transmitir gratis para todo el país por Las Estrellas, trata de engañar a su mamá, a Sofía (Silvia Navarro).
¿Y qué fue lo que pasó? Lo que jamás hubiera pasado en “El derecho de nacer”, en “Simplemente María”, “Los ricos también lloran” o “Quinceañera”: Nadie la cuestionó por no ser virgen.
Perdón. Esto es un escándalo a nivel género, a nivel formato, a nivel cultura mediática.
¡Ya tenemos mujeres solteras que pueden reconocer frente a sus padres que tienen vida sexual sin recibir el más mínimo reproche! Es más, sin recibir la más mínima reacción de sorpresa.
¡Es maravilloso! Estamos ante la normalización del placer, ante la normalización de la sexualidad. ¡Gracias, Juan Osorio! ¡Gracias, equipo de escritoras y de escritores! ¡Gracias, TelevisaUnivision!
Pero espérese, se pone mejor. ¿Qué es lo primero que le responde el personaje de Silvia Navarro al de Paulina Goto? ¡Dos cosas increíbles! ¡En la misma escena! ¡Sin ninguna clase de conflicto! ¡Sin ninguna clase de suspenso!
La primera: palabras más, palabras menos, le pregunta si desea continuar con ese embarazo o no. Le pregunta si lo quiere interrumpir.
Y la segunda: le recuerda que el hecho de que esté embarazada no la obliga a casarse con nadie, que ella es la dueña de su vida, de su cuerpo, de su futuro.
¡Me muero! ¡Me muero! ¡Me muero! Jamás pensé vivir para ver algo tan revolucionario en la historia de la muy conservadora televisión abierta mexicana.
Es más, en otros tiempos, hasta la Secretaría de Gobernación hubiera tenido que intervenir para impedir la difusión de esta escena.
Que una mamá le diga esto a una hija como parte de una nueva educación sentimental mexicana es tan relevante como el hecho de que hoy tengamos una mujer presidenta en Palacio Nacional.
¿Ahora entiende cuando le digo que estamos ante algo histórico?
Si esto hubiera pasado en los años 80 o en los 90, nuestro país hoy sería muy diferente.
Qué bueno que está pasando en este 2026 para que las generaciones del presente y del futuro no entiendan a las mujeres, a la virginidad, a la sexualidad ni a la maternidad como nos hicieron entenderla a nosotras y a nosotros.
Qué bueno que ahora sí las cosas están cambiando porque si cambian en la televisión es porque, definitivamente, está cambiando en todo México. ¡Van a cambiar en todo México!
Sí, yo sé que “Guardián de mi vida” está mejor que nunca, que estos capítulos son cruciales, que es alucinante ver cómo todos los secretos se revelan y cómo todos los villanos se unen para hacerle daño a los protagonistas.
Pero yo tendría que ser el peor periodista de México si no me detengo para subrayar la revolución ideológica que se está dando aquí. ¡Felicidades!
Luche con todas sus fuerzas por ver “Guardián de mi vida” de lunes a viernes a las 21:30 por Las Estrellas. Le va a gustar. De veras que sí.