¿Puede haber algo más fascinante, sospechoso y peligroso que las “Frutinovelas”?
Estamos ante algo que podría ser el arrebato creativo de un genio, la explosión irreverente de alguien de la industria, un experimento, una mentira o un acto de manipulación.
Se mire por donde se mire, las “Frutinovelas” son una de las noticias más importantes, de todas las fuentes, de este 2026.
Vámonos por partes para que todos entendamos: existen las telenovelas, las telenovelas verticales y las “Frutinovelas”.
Las telenovelas son un formato televisivo del siglo XX que, por sus características, no para de ser atacado por obsoleto, adictivo, controlador y propagador de diferentes manifestaciones de odio, discriminación y prejuicios.
Las telenovelas verticales son la versión siglo XXI de las telenovelas, diseñadas en capítulos de un minuto o menos, para verse en celulares.
¿Qué son las “Frutinovelas”? Se lo voy a explicar así: alguien, cuya identidad desconocemos, sacó hace algunos días, en TikTok, un nuevo tipo de telenovela vertical hecho 100 por ciento con inteligencia artificial.
Se llaman “Frutinovelas” porque se desarrollan en un universo animado donde todos los personajes son frutas y verduras, más o menos como pasó hace décadas con “Angry Orange” en YouTube. ¿Se acuerda?
Pero sí es importante señalar que las hay con otra clase de protagonistas como gatos, perros y seres fantásticos.
¿Qué fue lo que pasó? Que en muy, muy, pero muy poco tiempo, las “Frutinovelas” se convirtieron en un cañonazo viral que, igual, en muy, muy pero muy poco tiempo, generó un fandom numerosísimo.
¿Y las “Frutinovelas” están buenas? Más que buenas, buenísimas.
Son el ideal de todas las personas que amamos las telenovelas en sus diferentes nacionalidades y manifestaciones con el plus de que, como no hay humanos, nadie se tiene que preocupar por el “body shaming”, el racismo ni nada de eso.
¿Cuál es la verdadera relevancia de las “Frutinovelas”? Que estamos hablando de un fenómeno creado con inteligencia artificial. Cero empleo, dinero, reconocimiento y derechos para autores, actrices, actores y voces.
Es exactamente todo lo contrario de lo que dice nuestra nueva Ley Federal de Cine y Audiovisual. Es un atentado directo contra decenas de profesiones, oficios, sindicatos y sociedades autorales.
Como era de esperarse, influencers, periodistas, académicos y medios trataron de analizar esto.
Más se tardaron en reflexionar que poderosísimas marcas de países como el nuestro en colgarse de la popularidad de las “Frutinovelas” para improvisar anuncios.
Las “Frutinovelas” dejaron de ser un formato sólo para ser visto. Se transformaron en una manifestación que cualquier empresa, que cualquier institución, que cualquier persona, podía crear, a muy bajo costo, desde la comodidad de un escritorio.
Se transformaron en el sueño de los creadores de contenidos, de los tiktokers. En un reto, en un asunto aspiracional.
En términos de opinión, se empezaron a decir muchas cosas, una de las más curiosas era que Netflix estaba temblando porque las multitudes estaban dejando de ver sus series para ponerse a ver “Frutinovelas”.
El caso es que comenzamos a ver “Frutinovelas” por aquí, por allá y que un buen día, sin que nadie se lo esperara, desaparecieron las cuentas que iniciaron con todo esto.
Como era de esperarse, las especulaciones fueron y vinieron y más de un influencer circuló la versión de que TikTok había bajado esos materiales porque “no eran originales”.
Por si todo lo que le estoy diciendo no fuera lo suficientemente importante, raro y delicado, también en muy, muy, pero muy poco tiempo aparecieron avalanchas de ataques a TikTok.
Los argumentos eran que TikTok le estaba quitando su nuevo entretenimiento favorito a las multitudes, que había celos porque las “Frutinovelas” eran demasiado maravillosas y, por supuesto, que había censura.
Curiosamente, mientras todo esto sucedía, por todos lados estuvieron apareciendo cuentas que, o rescataban lo que supuestamente TikTok había bajado, o creaban más y mejores “Frutinovelas”.
El caso es que, al parecer, las “Frutinovelas” llegaron para quedarse y que ahora no hay manera de que las audiencias no se topen con alguna mientras “scrollean”. No hay manera de que no sucumban a sus encantos.
Yo, como periodista, tengo muchas preguntas: ¿Por qué nunca nadie dio la cara? ¿Era porque sabía que estaba haciendo algo malo?
¿Por qué el algoritmo permitió esto? ¿Por qué lo movió con tantísima fuerza si su especialidad es frenar? A usted, como a mí, le consta: no hay manera de compartir nada en TikTok hasta después de un período de revisión.
¿Por qué “Las Frutinovelas” sí pasaron la revisión? ¿Por qué sí pudieron ser compartidas?
¿Por qué el algoritmo las movió con tantísima fuerza? Volvemos a lo mismo: A usted y a mí nos consta: para mover algo a esos niveles hay que pagar.
¿Alguien pagó por esto? ¿Cuánto? ¿Hay manera de dar con los responsables siguiendo sus depósitos? ¿Por qué nadie lo ha hecho?
¿A usted no se le hace medianamente sospechoso que este escándalo haya explotado justo después del juicio a Meta y a Google? ¿A usted no le parece extraño que esto vaya en contra de TikTok, que sí salió bien librada de ese conflicto?
Yo no me asusto de nada pero me parece extraño que, en el caso de las “Frutinovelas”, todo haya sido elogios.
¿Será posible que los influencers, los periodistas, los académicos y los medios que se la pasan defendiendo causa no se hayan quejado de que atrás de esto no hay humanos?
¿Será posible que todas y todos estén defendiendo esta irregularidad así, en automático?
¿Será posible que todas y todos se estén poniendo a crear “Frutinovelas” sin sentir la más mínima culpa de estar dejando a tantas personas, de tantos gremios, sin trabajo? ¿En serio?
Jamás vi los pronunciamientos ni de los sindicatos, ni de las sociedades autorales, ni de las casas productoras, ni de los gobiernos ni de nadie.
A lo mejor sí los hubo y no los vi. A lo mejor todo fue demasiado rápido y antes de que pudieran subir algo ya estábamos en otra etapa de esta historia, pero todo está muy sospechoso.
Hasta podría ser un truco de TikTok para subir escaños sociales justo después del juicio a sus peores enemigos.
Piénselo. ¿Por qué nadie le dijo nada a las marcas que utilizaron este fenómeno para efectos publicitarios? ¿Qué tiene que ver Netflix en este conflicto? ¿Por qué Netflix?
¿Y las lecturas políticas? ¿Qué va a pasar el día que este recurso sea utilizado para fines políticos o ideológicos? ¡Qué!
Todavía es muy pronto para saber la verdad. Yo sólo quiero subrayar dos cosas.
Uno: si esto está pasando es porque las telenovelas son lo de hoy, porque están vivas, porque son poderosas. Quien piense lo contrario es porque, verdaderamente, está perdido. ¡Cuidado!
Y dos: las “Frutinovelas” representan un reto enorme para todas y para todos los que amamos este negocio. Urge replantear. Urge reaccionar. Urge defender antes de que sea demasiado tarde. ¿O usted qué opina?