A usted le consta: nadie ha criticado peor los Emmys que yo. ¡Y mire que fui el primer periodista de toda Latinoamérica en ir a cubrir aquello hace más de 20 años! ¡Y mire que he rodado de fiesta en fiesta!
¡Pues para que vea las vueltas que da la vida! Ahora sí se lo puedo decir: la noche del 14 de septiembre volvimos a tener unos Emmys de verdad: históricos, inolvidables.
La 78ª edición de los Premios Emmy, celebrada en el Peacock Theatre de Los Ángeles, no sólo premió a lo mejor de la televisión. Hizo justicia frente a nuestros ojos.
Dos nombres retumbaron toda la noche: “The Pitt” y “La maldición de Widow’s Bay”. Las grandes triunfadoras. Pero una sola imagen se quedará para siempre: la del inmenso Matthew Rhys levantando dos Emmys en la misma gala.
¡Dos Emmys de actuación en la misma noche! Un récord sin precedentes.
Empecemos por la reina del drama: “The Pitt”. ¡Otra vez “The Pitt”! La serie de HBO Max que nos devolvió la fe en el drama médico en tiempos de alta tecnología. Mejor Serie Dramática. Y Noah Wyle, Mejor Actor Protagónico. ¿Lo entiende usted? El hombre de “ER”, 30 años después, consagrado como el mejor actor de drama de la televisión mundial.
¡Pero qué categoría! Rhea Seehorn, gloriosa, ganando Mejor Actriz por “Pluribus”. Tom Pelphrey, brutal, ganando como reparto por “Task”. Y la enorme Allison Janney ganando por “The Diplomat”. ¡Puro alto nivel! Pura actuación pura.
Y luego, el terremoto de los otros contenidos: “La maldición de Widow’s Bay” de Apple TV+. Mejor Serie de Comedia. Y no sólo eso. Arrancó con todo: Stephen Root y Kate O'Flynn, reparto. Y al frente, él, Matthew Rhys.
Matthew Rhys, Mejor Actor de Comedia por “La maldición de Widow’s Bay”. Y horas después, Mejor Actor de Miniserie por “The Beast in Me”. ¡Dos protagónicos en una misma noche! Nadie lo había hecho. ¡Nadie!
De galés secundario en “The Americans” a leyenda viva del Emmy. Y frente a él, la reina: Jean Smart. ¡Su quinto Emmy consecutivo por “Hacks”! Cinco años seguidos siendo la mejor. ¡Eso es realeza televisiva no tonterías!
Y en miniseries, la que nadie esperaba y todos amamos (aquí se lo escribí): “DTF St. Louis”, Mejor Miniserie. La misma que nos dio a una Linda Cardellini ganando como actriz de reparto, junto a David Harbour. Y “Criaturas Luminosas”, Mejor Película para Televisión, con el regreso triunfal de Sally Field como Mejor Actriz. ¿Se acuerda cuando se la recomendé en esta columna?
¿Qué más quiere? “The Late Show with Stephen Colbert” ganando en “talk show” y “The Traitors” en “reality”.
Y el momento más desgarrador de la noche: el Premio Humanitario Bob Hope para nuestro Michael J. Fox ovacionado de pie por su lucha contra el Parkinson.
Estos fueron los Emmys que nos recordaron qué es la televisión. No es algoritmo. No es ruido. Es “The Pitt” devolviéndonos el drama humano. Es “La maldición de Widow’s Bay” riéndose del terror. Es Matthew Rhys haciendo historia doble.
Es la televisión que se atreve a premiar lo que hay que premiar. No como lo que está pasando en este país donde nos estamos llenando de premios entregados por gente que no ve las series, que no sabe de series y que lo único que quiere hacer es colgarse de las series para hacer dinero.
A todo lo que le acabo de decir súmele esos momentos de oro en los que celebramos los 50 años de “Los ángeles de Charlie”, en los que vimos al elenco del “refrito” de “Guardianes de la bahía” y en los que homenajeamos a diosas como Dolly Parton y Catherine O’Hara.
¡Gracias, queridas amigas y queridos amigos de la Academia por devolverme la fe hoy que es tan fácil confundirse, dejarse apantallar y cometer errores!
¡Gracias a La Reclu y a Rafa por sus excelentes aportaciones a la transmisión! ¡Gracias, HBO Max y TNT por permitirnos ser parte de la historia! Así sí da gusto ver televisión. ¿A poco no?