Mucha gente me pregunta: ¿por qué no escribes de “Hoy”, “Me caigo de risa” ni de todos esos programas que tantísima gente está mirando?
La respuesta es muy sencilla: porque a menos que pase algo catastrófico, estamos hablando de producciones que ya son parte de una tradición.
Lo que está bien, está bien, y hay que gozarlo, y quien no lo entienda nomás está inventando chismes y ni usted ni yo, a estas altura de la evolución de la humanidad, estamos para perder el tiempo con eso.
¿Por qué le estoy escribiendo esto? Porque el domingo pasado se estrenó, a las 21:00, por Las Estrellas, la tercera temporada de “Juego de voces” y la nota es que no hay nota.
“Juego de voces” es excelente, un orgullo de la industria de la televisión nacional, un formato que divierte y promueve valores perfectamente bien producido y con la extraordinaria conducción de Angélica Vale.
Como usted sabe, este “talent show” de cantantes va evolucionando año con año.
En este 2026 de lo que se trata es de ver a hermanas y hermanos del medio artístico, de diferentes generaciones, como Ernesto y Jorge D’Alessio, y Mayte e Isabel Lascurain, jugar a que compiten divididos en dos equipos: los favoritos y los consentidos.
Digo jugar a que compiten porque, obviamente, de lo que se trata es de mandarle mensajes de luz a la gran familia mexicana.
Somos afortunadas, afortunados, de tener en este país un programa tan bonito como éste que, además, consolida a TelevisaUnivision como el lugar donde las estrellas se sienten tan en confianza que son capaces de entregar lo más valioso que tienen: a sus familias. ¿O usted qué opina?
IMPERDIBLE
Sí es cierto, el teatro es capaz de decir lo que nadie más dice y a las pruebas me remito: “Obra negra, mecánica del poder” de Víctor Weinstock (“Finitud”).
Es un espectáculo musical que nos ayuda a entender lo que está pasando en México y en el mundo entero mientras nos hace reír, pensar y temblar.
Aquí, y sólo aquí, nos queda clara la similitud que hay entre el poder político y el poder mediático, entre las relaciones de México con Estados Unidos y las de nuestros hombres con nuestras mujeres, entre los más pavorosos actos de violencia y “La casa de los famosos”.
Jamás pensé que me fuera a divertir tanto entendiendo las dinámicas que nos rigen y que nadie se atreve ni siquiera a reconocer.
Y aquí no sólo se reconocen. Se denuncian. “Obra negra” es un acto de valor insospechado justo ahora que todo es ruido y mentira. Tiene que verla para creerla.
Por si todo lo que le estoy diciendo no fuera lo suficientemente relevante, esta puesta en escena es el trabajo colectivo de puras chicas nuevas, de puros chicos nuevos, que no sólo actúan, hacen todo: la música, el vestuario, la iluminación.
Le juro que cuando los veía me sentía frente a quienes serán, en muy poco tiempo, la nueva Alma Muriel, la nueva Rebecca Jones, la nueva Helena Rojo, el nuevo Gonzalo Vega, el nuevo Ernesto Gómez Cruz, el nuevo Manuel Ojeda.
En serio, esta obra, que nos remite a tantísimas cosas a nivel artístico y editorial, es muy importante.
Luche con todas sus fuerzas por verla todos los lunes a las 20:30 horas en el Foro Shakespeare y tome muchas fotos porque en futuro valdrán oro. De mí se acuerda.