Uno sabe que las cosas están mal con el cine mexicano cuando ponen a competir “Loco México mágico” contra “Spider-Man” justo cuando todas las familias de este país están ahorrando para el regreso a clases.
¿Y la nueva Ley de Cine y el Audiovisual? No sé. Le juro que hay muchas cosas que no entiendo. Y el más afectado, como siempre, es el público.
¿Por qué? Porque si usted fuera con su familia, con sus amigos o con su pareja a gozar de “Loco México mágico” a Cinépolis, le juro que se convertiría en una de sus películas favoritas de los últimos años.
¿Qué es “Loco México mágico”? El más divertido, maravilloso e inolvidable homenaje al cine popular que se haya hecho desde los tiempos de “Cinema Paradiso” (1988).
Pero con una ventaja adicional: es sobre el cine popular mexicano, sobre esas películas que ya no se hacen.
Como las de los hermanos Almada, como las de El Santo, Blue Demon y Mil Máscaras, como las de Hugo Stiglitz, Andrés García y Rosa Gloria Chagoyán.
El gran problema de nuestro cine no es que ya no tengamos genios. Es que casi todas y todos trabajan o para los festivales o para las plataformas. Ya casi nadie trabaja para el público.
Por eso siento un cariño, una admiración y un respeto muy grande por el señor Carlos Santos, el director de “Loco México mágico”.
Él es algo así como el heredero directo de Juan Bustillo Oro, Ismael Rodríguez y Gilberto Martínez Solares, los directores que hicieron grandes a Cantinflas, Pedro Infante y Tin Tan.
Me queda claro que, cuando trabaja, no está pensando en un premio o en un algoritmo. Está pensando en la gente, en las familias, en el pueblo.
Ir a ver “Loco México mágico” es como ir al cine en aquella época en que íbamos a ser felices, a reírnos como estúpidos, a emocionarnos como idiotas y a llorar como desesperados.
Es la historia de cómo el cine puede cambiar la vida de todo un pueblo, de cómo el cine puede tocar las almas, de cómo el cine puede devolvernos la felicidad.
Si la justicia existiera, no se hablaría de ninguna otra cosa, en este momento, en toda la fuente de espectáculos.
Carlos Santos fue el director de joyas como “Chilangolandia”, “¡Qué huevos, Sofía!” y esa obra maestra incomprendida titulada “Señora influencer”.
“Loco México mágico” es la suma de todo lo que ha crecido a lo largo de estos años de éxito más la suma de todo lo que ha amado, de todo lo que se ha enamorado creando cine.
Y tal y como lo ha hecho desde el principio, en su reparto combina a gente nueva, muy buena, con monstruos sagrados de la actuación.
Desde el ganador de los MTV Movie Awards el maestro Silverio Palacios (“Matando cabos”) hasta el ganador del Ariel don Fernando Cuautle (“Heroico”) pasando por la estrella de Netflix doña Shaní Lozano (“Madre de alquiler”), la figura del teatro musical Sofía Carrera (“Mamma Mía”) y una larga lista de prodigiosos talentos.
Silverio es un dios. Hay un momento cerca del final donde, le juro, casi lloro. Ese actorazo que me había hecho reír, me puso la piel chinita cuando menos me lo esperaba. ¡Felicidades!
Shaní es una locura. Su capacidad para hacer comedia es alucinante.
Cuautle es un hallazgo. Ni remotamente me hubiera imaginado que fuera capaz de hacer lo que hace aquí.
Y Sofía, ¡bueno!, Belinda la tiene que buscar de inmediato para darle las gracias por su Melinda. ¡Qué cosa, dios mío!
Pero yo tendría que ser el peor crítico de México si no mencionara a gente como Alberto Gorgonio, a Daniel Sosa y a la nominada al Ariel doña Norma Reyna.
A Alberto Gorgonio (Fabio), si se cuida, le espera un futuro excepcional. En “Loco México mágico” tiene una escena encuerado y encadenado, alucinantemente brillante. Me quito el sombrero ante este actor.
Daniel Sosa (Juan) es la revelación de la película. El maestro Santos, aquí, le está dando ese empujón que su carrera necesitaba para pasar al lado de los grandes. ¡Bravo!
Norma Reyna (Pacha) es magia. Desde Ada Carrasco en la telenovela “De frente al sol” (1992) que yo no veía un personaje de abuela tan increíble y lleno de simbolismo.
Menciono “De frente al sol” porque, casualmente, “Loco México mágico” también se desarrolla en Alvarado, Veracruz, donde el gran actor y escritor René Muñoz (“San Martín de Porres”) vivió e hizo tantas cosas tan bonitas por la comunidad.
¡Ya me imagino la fiesta en ese lugar tan alegre, entre mariscos y “cacahuatazos”!
Porque Alvarado, en esta comedia tan hilarante, no es un decorado. Es un personaje. Es algo que no se ve todos los días. ¡Ya quiero regresar! Les va a ir como a la Ciudad de México con James Bond.
Hágame un favor y hágase un favor, organícese y luche con todas sus fuerzas por ir a Cinépolis ya, ya, pero ya, a pasarla bien con “Loco México mágico”.
No tengo nada en contra de “Spider-Man” pero somos mexicanas, somos mexicanos, y si nosotras y nosotros no apoyamos experiencias como ésta, ¿entonces quiénes? ¿Quién?