'La captura', captura

Ciudad de México /
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Chin chin al que no vea “La captura” de Netflix. Es la película que México esperaba. La más emocionante. La mejor hecha. La más necesaria.

Sí, yo sé que todo el mundo se refiere a ella como la dramatización de la aprehensión de Joaquín “El Chapo” Guzmán pero la verdad es otra. Es algo infinitamente superior.

Ahí le va. Olvide la película. Olvide la guerra entre chairos y fifís. Respire hondo y dígame:

¿Qué pasaría si usted estuviera frente a una de las cabezas más poderosas, ricas y sanguinarias del crimen organizado y esa persona le pidiera algo a cambio de una fortuna en billetes?

¿Usted qué le diría? ¿Usted qué haría? Si acepta, automáticamente se va a convertir en su cómplice, en delincuente.

Si le dice que no, su familia y usted morirán de la manera más horrible del universo en muy poco tiempo.

Por favor piénselo, piénselo con frialdad porque es una de las trampas más monstruosas a la que muchísimas personas, de muchísimos ámbitos, se han enfrentado desde hace años.

Pero nadie lo dice. Nadie lo discute.

Es muy fácil darse baños de pureza y fingir. Por un lado está la tentación. Pero por el otro está la amenaza real, violenta, macabra.

¿Qué se hace en esos casos? ¿Usted se volvería delincuente o moriría? ¿Usted se volvería millonario o condenaría a su familia?

Por eso hay que ver “La captura”. Es un nivel de dilema moral como el de “Naranja mecánica” (1971), como el de “La decisión de Sofía” (1982) y como el de “La lista de Schindler” (1993) pero en nuestro México.

Si no nos ponemos a analizar esto, no vamos a entender el porqué de muchas cosas. Si no nos ponemos a analizar esto, no vamos a apreciar la verdadera lucha que millones de mujeres y de hombres viven a diario en este país.

Estoy esperando un éxito nacional. Sí. Pero también un cañonazo global. Un “hit” al estilo Netflix.

Esto, más que una nota periodística, es un acontecimiento histórico que conecta con la humanidad entera porque toca las más íntimas de nuestras fantasías, los más personales de nuestros temores.

Es una obra maestra cuya adaptación a teatro es inminente. Por favor no se confunda por el efecto de las narcoseries o de ejercicios propagandísticos como “El equipo” (2011).

“La captura” es uno de esos filmes como “El silencio de los inocentes” que, sin dejar de ser entretenidos, establecen nuevas narrativas y le fascinan lo mismo al público que a la prensa especializada.

Y cómo no si atrás de esto está una crónica de Héctor de Mauleón, uno de los mejores y más valientes periodistas de todo México, y un guion de Bernardo Esquinca, el genio escritor que nos ha regalado novelas como “La octava plaga”, “Toda la sangre” y “Carne de ataúd”.

Dirige Chava Cartas, el Valentín Pimstein (“Los ricos también lloran”) de hoy, uno de los pocos creadores que entiende a las audiencias y las atiende de manera magistral.

No por nada a él le debemos puros trancazos, de los géneros más opuestos, como “Mirreyes contra Godínez”, “El gallo de oro”, “MexZombies”, “Nuestros tiempos” y “Contraataque”.

“La captura” es ese momento en la carrera de este señor en el que deja de ser Chava para convertirse en el maestro Cartas. Si no lo nominan al Ariel, mínimo, aquí va a pasar algo.

Pero ahora viene lo mejor: el reparto. Una disculpa a los que no mencione porque debo ser breve.

El ganador del Ariel Alfonso Herrera (“El baile de los 41”), que ya nos había dejado con el ojo cuadrado con su altísimo nivel en interpretaciones tan prodigiosas como la que se aventó en “La casa de los espíritus”, aquí nos dice: “me voy al Oscar”.

El ganador del Ariel Noé Hernández (“Kokoloko”) hace un trabajo tan bueno que es capaz de darle matices a lo que biológicamente no puede tener matices. ¿Cómo lo hizo? ¡Es increíble!

El ganador del Ariel Héctor Kotsifakis (“Pedro Páramo”) reinventa uno de los personajes más conocidos de nuestro imaginario colectivo. Es como si jamás lo hubiéramos visto. ¡Gracias!

El ganador del Ariel Fernando Cuautle (“Heroico”), a quien acabamos de ver triunfar haciendo comedia en “Loco México mágico”, nos vuelve a dejar con la boca abierta.

Y el ganador del premio del Festival Internacional de Cine de Morelia Gerardo Trejoluna (“El norte sobre el vacío”) le da dignidad a algo que nunca había sido digno. Perdón. Se tenía que decir y se dijo.

¿Cuál es la nota con todos estos actores, más las actrices y talentos que no alcanzo a celebrar?

Que no sólo están haciendo drama a un nivel “Amores perros”. Están haciendo cine de acción.

¿Alcanza usted a entender el esfuerzo titánico de estos monstruos para sumar todo el esfuerzo de la gran interpretación dramática con todo el esfuerzo de las secuencias de alta adrenalina?

No sé cómo la vaya a vivir usted, pero yo sigo sin creer los ojos, los rostros y las bocas.

Por el amor de Dios, cuando esté viendo a estos actores, míreles los ojos, el rostro y específicamente la boca. Si eso no es actuar con el alma, entonces yo ya no sé de qué se trata la actuación.

Me urge verlos para darles un abrazo y colgarles una medalla. Esto es demasiado fuerte, en términos artísticos, para una industria con tan poca experiencia en filmes de acción como la nuestra.

Luche con todas sus fuerzas por ver a partir de hoy viernes 21 de agosto, en Netflix, “La captura”. Chin chin al que no la vea. ¡Así!


  • Álvaro Cueva
  • alvaromilenio5@gmail.com
  • Es el crítico de televisión más respetado de México. Habita en el multiverso de la comunicación donde escribe, conduce, entrevista, da clases y conferencias desde 1987. publica de lunes a viernes su columna El pozo de los deseos reprimidos.
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