La crisis de los premios

Ciudad de México /

Me conmueve mucho ver lo que los influencers dijeron de los Golden Globes en las redes sociales y las cosas en las que se fijaron los pocos medios que cubrieron esto.

La verdad es que estamos ante un premio bastante caótico en medio de la peor crisis de reconocimientos de toda la historia del espectáculo internacional.

Antes, teníamos una industria masiva. O era cine, o era televisión. Y había pocos premios. O era el Oscar, o eran los Emmys.

La posición de los Golden Globes era tan extraña que durante décadas, cuando se hablaba de estas estatuillas, siempre se hacía repitiendo la misma frase: “la antesala del Oscar”.

Pero nadie se molestaba. Al contrario, era un honor ser “la antesala del Oscar” porque era un momento en que los premios significaban cosas.

Una creadora o un creador que ganaba algo, era una creadora o un creador que había alcanzado la cúspide del éxito, que a partir de ese momento iba a cobrar más.

¿Por qué? Porque las audiencias creían en los premios y se volcaban a ver, a volver a ver o hasta a coleccionar los títulos ganadores.

Pero espérese, se pone mejor: los premios eran algo tan, tan, pero tan relevante que se organizaban glamorosas transmisiones especiales con presentadoras, presentadores y analistas vestidos de gala.

Cuando alguna de las ganadoras, cuando alguno de los ganadores, se atrevía a hablar de temas políticos o sociales, el mundo temblaba.

Sí había consecuencias. Sí se ponía muy feo. Sí era un escándalo.

Ahora los premios están en una crisis tan grande que ya no se habla de uno en específico. Se habla de “la temporada de premios”. Así, en plural. Como si fueran un requisito burocrático.

Y es que son tantos, que ninguno acaba significando algo. Los premios dejaron de ser reconocimientos. Son el negocio de alguien.

Por tanto, da lo mismo ganar o perder. Nadie se vuelve más o menos relevante que los demás. A nadie lo contratan más o menos que antes. ¡Gracias por participar! ¡Que pase la siguiente! ¡Que pase el siguiente!

De las transmisiones especiales, ya ni hablamos. No hay presentadoras, no hay presentadores a cuadro. La gente puede estar en su casa traduciendo en calzones y da lo mismo.

Los nichos que medio ven esto hoy se entretienen haciéndole el caldo gordo a las redes sociales y jugando a que se empoderan mientras se quiebran la cabeza opinando sobre un vestido o subiendo un meme.

Pero eso no significa ni que vayan a sentir más admiración por alguien o que vayan a ver, a volver a ver o a atesorar un título.

Lo peor de esta historia son los temas políticos y sociales porque, o se pierden en la inmensidad de la nada, o se expresan sólo porque hay que expresarlos para quedar bien, para sentirse muy comprometido, superior.

El caso es que ahora, como todas y todos los que van a esas fiestas tienen que luchar por una causa, ya no hay causas. Hay una industria paralela de la responsabilidad social.

¿Para qué sirven los premios? ¿Quién quiere un premio? La obsolescencia de las premiaciones es tan grande que, como usted vio la noche del domingo, hasta los guionistas de estas ceremonias bromean con estupideces como la indefinición de lo que es drama y lo que es comedia.

¡No! Lo que tendríamos que estar discutiendo es qué es cine, qué es televisión y por qué diablos seguimos separando a las mujeres de los hombres como si actuar fuera una cuestión de género.

Imagínese que en medio de esta crisis tan terrible, las pobrecitas y los pobrecitos periodistas extranjeros de Hollywood, las y los que entregan los Golden Globes, en lugar de corregir, se ponen a complicar.

¿Cómo? Premiando ahora a los podcasts. No les bastó con quemarse con lo del premio al dinero (disfrazado de “Mejor logro cinematográfico de taquilla”). ¡Ahora se pusieron peor! ¡Podcasts!

Es horrible que cuando el mundo necesita más orden seamos los periodistas los que más contribuyamos a poner el desorden.

Pobre industria del espectáculo internacional: tan lejos de un reconocimiento de verdad. Tan cerca de “la temporada de premios”. ¿O usted qué opina?


  • Álvaro Cueva
  • alvaromilenio5@gmail.com
  • Es el crítico de televisión más respetado de México. Habita en el multiverso de la comunicación donde escribe, conduce, entrevista, da clases y conferencias desde 1987. publica de lunes a viernes su columna El pozo de los deseos reprimidos.
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