Los reportes que llegan de Estados Unidos son espectaculares: qué éxito el de la telenovela “Guardián de mi vida”.
La pregunta es: ¿por qué? ¿Qué tiene de especial esta producción de Juan Osorio?
Le juro que no me he perdido ni una escena y hay varias cosas que me tienen muy sorprendido y que marcan un antes y un después en la historia reciente de las telenovelas mexicanas.
La primera es que en este trabajo literario encabezado por Pablo Ferrer y Santiago Pineda hay un componente de imperfección en los personajes que los vuelve mucho más reales, mucho más cercanos con las audiencias.
En los melodramas seriados de antes, los buenos eran 100 por ciento buenos, demasiado buenos, tan buenos, tan buenos, pero tan buenos, que parecían estúpidos.
Y los malos eran tan increíblemente malos que terminaban ganándole a los buenos, terminaban mandando mensajes equivocados.
En “Guardián de mi vida” los buenos cometen errores, dudan, esconden verdades, se dejan llevar por la calentura.
Y los malos tienen su corazoncito, entienden el peso de sus fechorías, quieren cambiar de vida, no están dispuestos a perjudicar a los demás.
El resultado es alucinante porque cuando sintonizamos esto no sólo nos divertimos, presenciamos dilemas éticos muy parecidos a los que afrontamos en nuestra vida cotidiana.
Por tanto, conectamos. Y si no me cree, piense en Salvador (Diego Klein) que ama a Barbie (Paulina Goto) pero faja con Rex (Roberta Damián).
Piense en Gina (Alejandra Ambrosi) que mira lo bien que se llevan Catalina (Gaby Platas) y Rex, y llega a tener un debate interno sobre si confesarles que son madre e hija.
Piense en Carlo (Pedro Baldo) que, de plano, le dice que no a Victorio (Víctor González) cuando éste le pide que maltrate a Barbie. Al contrario, va con Barbie y le pide que se separen.
Piense en Bolero (Rodolfo Salas) que ha hecho cualquier cantidad de atrocidades pero que es todo ternura con Marisol (Jessica Decote) y su hijita Mía (Mía Fabri).
¡Hasta se agarró a golpes con Gonzalo (Sergio Sendel) defendiendo un tema moral!
Esto está muy bueno pero nada como el reencuentro entre Aramís (Alejandro Camacho) y Candelaria (Cecilia Toussaint).
Deje usted la belleza de aquella escena nocturna marcada por sombras extendidas en el suelo al mejor estilo del legendario cine negro del pasado.
Aramís, que es el peor de los seres humanos, ante el poder del amor que siente por esa mujer, le confiesa: “Te odio porque te amo”.
¡Qué fuerte! Ese asesino, ese tratante de personas, ese ladrón, no es un villano clásico de telenovela. Es un hombre que sufre… ¡Por amor!
Ojo: “Guardián de mi vida” no está romantizando la maldad. Por favor no se vaya a confundir. A todas y a todos de este lado de las pantallas nos queda claro quiénes son los buenos y quiénes, los malos en esta historia.
Lo que el numeroso equipo literario de esta adaptación está haciendo es darle complejidad a un género que antes pecaba de superficial.
Todo esto me encanta porque uno, como público, no sólo mira, participa en una suerte de videojuego sentimental. Es la interactividad, que tanto les gusta a las nuevas generaciones, pero trasladada a las telenovelas.
¿Ahora entiende por qué le digo que aquí hay un antes y un después?
Por si todo lo que le estoy señalando no fuera suficiente, aquí también se menciona a Ramsés (Guillermo García Cantú), el megavillano de “El amor invencible” (2023), lo cual sigue alimentando la idea de que Juan Osorio está construyendo un multiverso.
Luche con todas sus fuerzas por ver y por participar en los dilemas morales de “Guardián de mi vida” de lunes a viernes a las 21:30 por Las Estrellas.
Le va a gustar. De veras que sí. Y si no me cree, pregúnteles a las audiencias de Estados Unidos. ¡Qué éxito! De veras. ¡Felicidades!