Este año ha sido uno de los más importantes en toda la historia de las telenovelas mexicanas.
¿Por qué? Porque después de una larga y dolorosa lista de errores, se tocó fondo y poco a poco las cosas están volviendo a su destino.
¿A qué me refiero con tocar fondo? A que la industria cayó a niveles críticos. Por un lado, Tv Azteca e Imagen Televisión dejaron de producir telenovelas.
Y, por el otro, Televisa, la que alguna vez fue la máxima creadora de melodramas seriados del mundo, estuvo a punto de hacer lo mismo.
¿Cómo? Despreciando sus orígenes, entregándose a la cultura popular colombiana, poniéndole más atención al mercado hispano de los Estados Unidos que al nacional y apostando por formatos que no le dijeron nada a nadie como el de Fábrica de sueños.
El poco dinero que entró por el cambio de gobierno, en lugar de invertirse en donde se tenía que invertir, se fue hacia conceptos que jamás iban a recuperar lo que costaron y el resultado fue una escandalosa disminución en el volumen de las telenovelas nacionales.
¡Cómo habrá estado de delicada la situación que los competidores de Televisa aprovecharon esto para anunciar la muerte de las telenovelas!
La verdad es que los melodramas seriados, en los últimos 12 meses, siguieron siendo el formato más pedido en los grandes mercados globales de contenidos y entre más tradicionales, mejor.
Pregúntele a los productores turcos, a los coreanos y a los brasileños.
Es más, pregúntele a Netflix que no solo se la ha pasado produciendo series disfrazadas de telenovelas como Monarca y La casa de las flores. Estos señores han declarado que algunos de sus cañonazos más recientes han sido melodramas seriados.
¿Y qué me dice del fenómeno de los canales TLNovelas y Corazón en los cables y las antenas directas al hogar? Sus niveles de audiencia son excelentes.
¿Qué le puedo comentar de lo poco que hicimos en México en 2019? Mucho, pero por razones de espacio yo me quedaría con estas cuatro ideas:
Primero, comenzó el fin de las narcoseries y esto quedó tan claro que grandes clásicos de este subgénero como La reina del sur y Rosario Tijeras, en sus nuevas temporadas, se fueron más hacia el lado de la maternidad y la culpa que hacia todo lo que tiene que ver con el crimen organizado.
Segundo, la diversidad sexual se impuso como nunca antes colocando historias de amor entre personas del mismo sexo en posiciones estratégicas que enloquecieron de felicidad a las multitudes tal y como vimos con Aristemo, Juliantina y Miguelandro.
Tercero, la telenovela tradicional mexicana resurgió con particular entusiasmo colocando títulos de estreno como Mi marido tiene más familia, Soltero con hijas y Ringo, y repeticiones como Amores verdaderos, en los cuernos de la luna del rating y el impacto social.
Cuarto, pero para impacto social, el de La rosa de Guadalupe. Este grandioso unitario lleva años triunfando en el mercado nacional e internacional, pero en este 2019 se voló la barda apropiándose de una posición de liderazgo que no se veía desde los tiempos de los programas de Chespirito.
2019 ha sido uno de los años más importantes en toda la historia de las telenovelas mexicanas. ¿O usted qué opina?
alvaro.cueva@milenio.com